Puntos clave
- El lugar tiene valor de uso para quien vive y valor de cambio para quien posee; la política urbana es su conflicto.
- La máquina de crecimiento une propietarios, promotores, bancos y prensa local en un consenso falso sobre el empleo.
- El crecimiento no reduce el desempleo local ni mejora ingresos, pero eleva rentas, impuestos y congestión.
Urban Fortunes: The Political Economy of Place (1987) es el libro con que los sociólogos John Logan y Harvey Molotch explicaron por qué las ciudades estadounidenses crecen como crecen: porque una coalición de propietarios de suelo, promotores, bancos, medios locales y políticos tiene interés en que el valor del suelo suba, y organiza el gobierno de la ciudad para conseguirlo. Molotch había formulado la idea en 1976 en un artículo titulado La ciudad como máquina de crecimiento, y el libro la convirtió en una teoría completa de la economía política del lugar que sigue siendo referencia para entender quién manda en las ciudades y por qué el crecimiento se presenta siempre como interés general.
Valor de uso y valor de cambio del lugar
El punto de partida es la distinción entre valor de uso y valor de cambio del lugar. Para quien vive en un barrio, la casa, la calle y la plaza valen por lo que permiten hacer: dormir, criar, encontrarse, pertenecer. Para quien posee suelo, valen por lo que pueden producir en renta y venta. Esos dos valores entran en conflicto en cada decisión urbana: la autopista que revaloriza un polígono destruye un barrio, la torre que multiplica la renta de una parcela quita luz y encarece el alquiler alrededor. Logan y Molotch sostienen que la política urbana es la lucha entre ambos, y que el valor de cambio suele ganar porque quienes lo defienden están mejor organizados.
La máquina de crecimiento: quién forma la coalición y qué consigue
La máquina de crecimiento es esa organización. Los rentistas del lugar, propietarios cuyo patrimonio depende de que su suelo se revalorice, se alían con promotores, constructores, bancos hipotecarios, empresas de servicios, universidades, equipos deportivos y, sobre todo, con el periódico local, que vende más cuanto más crece la ciudad. La coalición financia campañas, ocupa cámaras de comercio y consejos, y produce un consenso según el cual el crecimiento crea empleo y beneficia a todos. Logan y Molotch mostraron con datos que ese consenso es falso: el crecimiento no reduce el desempleo local ni mejora los ingresos de los residentes, pero sí eleva rentas, impuestos y congestión.
Resistencia vecinal y límites al crecimiento
El libro analiza también la resistencia. Los movimientos vecinales que defienden el valor de uso, contra autopistas, demoliciones o rascacielos, son la oposición natural a la máquina, y su éxito depende de si logran convertir la defensa del barrio en política de ciudad. Logan y Molotch documentan cómo en Santa Bárbara o San Francisco las coaliciones de crecimiento fueron frenadas por movimientos que impusieron límites, y cómo la máquina responde presentando a sus críticos como egoístas que bloquean el progreso. Esa tensión, hoy visible en los debates entre quienes piden construir más y quienes protegen sus barrios, ya estaba en el libro.
Críticas, regímenes urbanos y financiarización
La teoría ha recibido críticas y ampliaciones. Clarence Stone la refinó con la teoría de los regímenes urbanos, que atiende a cómo se construyen coaliciones estables de gobierno más allá del crecimiento. Otros señalaron que la máquina describe bien Estados Unidos, donde los ayuntamientos dependen del impuesto sobre la propiedad y tienen poco control sobre el suelo, y peor a Europa, con más suelo público y planificación. Y la financiarización ha añadido actores globales, fondos y plataformas, a una coalición que Logan y Molotch describieron como local. Aun así, la pregunta de quién gana con el crecimiento sigue siendo la que ellos enseñaron a hacer.
Para el urbanismo, Urban Fortunes deja una advertencia: el crecimiento no es un dato neutral sino un proyecto con beneficiarios, y la planificación que lo asume como objetivo sin preguntar para quién se convierte en parte de la máquina. La alternativa que Logan y Molotch apuntan es una política del valor de uso: vivienda, espacio público, servicios y estabilidad para quienes viven en la ciudad, con el suelo tratado como recurso común y no como activo. Esa política no elimina el crecimiento, pero le pone condiciones y le quita el monopolio del interés general.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la máquina de crecimiento urbano?
Es la coalición de propietarios de suelo, promotores, bancos, empresas de servicios y medios locales que, según Logan y Molotch, organiza el gobierno de la ciudad para que el valor del suelo suba y presenta ese crecimiento como interés general aunque beneficie sobre todo a quienes poseen.
¿Qué diferencia hay entre valor de uso y valor de cambio del lugar?
El valor de uso es lo que la casa, la calle o la plaza permiten hacer a quien vive allí; el valor de cambio es la renta o el precio que pueden producir para quien posee el suelo; cada decisión urbana enfrenta ambos y el de cambio suele ganar por estar mejor organizado.