Puntos clave
- Desde los años ochenta una receta común vendió vivienda pública, desreguló alquileres y convirtió el hogar en activo hipotecado.
- Como relatora de la ONU documentó desahucios en Estados Unidos, Kazajistán, Argentina, Indonesia y el Reino Unido.
- Minha Casa Minha Vida benefició a promotores y bancos y dejó a las favelas sin seguridad de tenencia.
El derecho a la vivienda frente a la financiarización es la causa que ha definido la carrera de Raquel Rolnik, arquitecta y urbanista brasileña, profesora de la Universidad de São Paulo y relatora especial de Naciones Unidas sobre vivienda adecuada entre 2008 y 2014. Su tesis, expuesta en La guerra de los lugares (2015) y en su versión inglesa Urban Warfare: Housing Under the Empire of Finance (2019), es que en las últimas cuatro décadas la vivienda ha dejado de ser un derecho para convertirse en un activo financiero, y que esa transformación, impulsada por Estados, bancos y organismos internacionales, ha producido desalojos, deuda y exclusión en todos los continentes. Defender la vivienda, sostiene, exige desmontar el imperio de las finanzas sobre el suelo.
De derecho a activo: la receta neoliberal de los años ochenta
Rolnik sitúa el punto de inflexión en los años ochenta. Hasta entonces, la mayoría de los países ricos y muchos del Sur mantenían parques de vivienda pública, alquileres regulados y sistemas de crédito controlados. La ola neoliberal desmanteló ese modelo con una receta común: vender la vivienda social, desregular alquileres, promover la propiedad mediante hipotecas y abrir el sector a los mercados de capitales. La propiedad se presentó como ideal universal y como camino a la seguridad, y los hogares se endeudaron para acceder a ella. Cuando el crédito se titulizó y se vendió a inversores globales, la vivienda pasó a depender de los mercados financieros y no de las necesidades de quienes la habitan.
Relatora de Naciones Unidas: desahucios de Estados Unidos a Kazajistán
Su mandato en Naciones Unidas le permitió documentar las consecuencias en primera persona. Visitó Estados Unidos en 2009, en plena crisis de las hipotecas subprime, y describió millones de familias desahuciadas por un sistema que había convertido su hogar en instrumento especulativo. Informó sobre los desalojos forzosos en Kazajistán, Argentina, Indonesia o Ruanda, sobre las privatizaciones en Croacia y sobre el impuesto al dormitorio en el Reino Unido en 2013, que penalizaba a inquilinos de vivienda social con habitaciones libres. Su conclusión fue que el derecho a la vivienda, reconocido en tratados internacionales, se vulneraba de forma sistemática en nombre de la eficiencia del mercado.
Brasil y Minha Casa Minha Vida: la crítica al modelo
El caso brasileño ocupa un lugar central en su obra. Rolnik analiza cómo el programa Minha Casa Minha Vida, lanzado en 2009 para construir millones de viviendas, benefició sobre todo a promotores y bancos, produjo conjuntos en periferias lejanas sin servicios y consolidó la propiedad hipotecaria como única vía de acceso, mientras las favelas y ocupaciones seguían sin seguridad de tenencia. Su crítica no es a la construcción de vivienda sino al modelo: financiar la demanda mediante crédito privado y entregar la oferta al mercado reproduce la desigualdad que dice combatir. Frente a ello, defiende la seguridad de la tenencia en todas sus formas, incluida la posesión colectiva y comunitaria.
Fondos, plataformas y la segunda fase de la financiarización
Rolnik ha señalado además una segunda fase de la financiarización tras 2008: los fondos de inversión que compraron carteras de viviendas ejecutadas y las convirtieron en alquileres de mercado, las plataformas de alquiler turístico y los instrumentos que tratan barrios enteros como activos. En España, Estados Unidos o Alemania, esos actores globales han sustituido a los propietarios individuales y han intensificado la presión sobre inquilinos. Su respuesta combina regulación de alquileres, ampliación del parque público y cooperativo, fiscalidad sobre la vivienda vacía y, sobre todo, un cambio de principio: tratar la vivienda como derecho y como bien de uso, no como reserva de valor.
La aportación de Rolnik es haber dado al debate sobre la vivienda una escala global y un marco de derechos. Mostró que la crisis de asequibilidad no es un problema local ni un fallo técnico sino el resultado de una política común aplicada en todo el mundo, y que revertirla exige decisiones igualmente políticas. Su lema, la vivienda es un derecho y no una mercancía, se ha convertido en consigna de movimientos de inquilinos en todos los continentes, y su obra sigue siendo la referencia para quienes quieren entender cómo las finanzas colonizaron el lugar donde vivimos.
Preguntas frecuentes
¿Qué sostiene Raquel Rolnik en La guerra de los lugares?
Que en las últimas cuatro décadas la vivienda ha dejado de ser un derecho para convertirse en un activo financiero, mediante la venta de vivienda pública, la desregulación de alquileres y el crédito hipotecario titulizado, y que esa transformación ha producido desalojos, deuda y exclusión en todo el mundo.
¿Qué propone Rolnik para garantizar el derecho a la vivienda?
Seguridad de la tenencia en todas sus formas, incluida la colectiva, regulación de alquileres, ampliación del parque público y cooperativo, fiscalidad sobre la vivienda vacía y un cambio de principio que trate la vivienda como bien de uso y no como reserva de valor.