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Quién gana cuando la ciudad se vuelve negocio: Molotch

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Puntos clave

  1. Molotch: la máquina de crecimiento convierte el interés particular de quienes poseen suelo en una narrativa de interés general.
  2. El crecimiento favorece el valor de cambio del suelo y carga los costes, desplazamiento y congestión, sobre quienes lo usaban.
  3. El crecimiento local no garantiza más empleo por habitante; garantiza la revalorización del suelo, y por eso la coalición lo defiende.

Los verdaderos ganadores cuando la ciudad se vuelve negocio son los empresarios del lugar, y ese es el concepto con que el sociólogo Harvey Molotch respondió en 1976, en su artículo La ciudad como máquina de crecimiento, a la pregunta de quién gana realmente cuando crecer se convierte en el objetivo urbano compartido. Una grúa aparece sobre un barrio y el proyecto se anuncia como victoria de toda la ciudad, con inversiones, empleo y transformación; Molotch dirige la mirada a la coalición que lo impulsa, propietarios de suelo, promotores, bancos, medios locales, empresas de servicios y políticos, cuyo interés común es aumentar el valor de cambio del suelo, y que convierte ese interés particular en una narrativa de interés general que casi nadie discute.

La coalición: promotores, políticos, medios y empresarios del lugar

El mecanismo empieza cuando actores distintos descubren un interés común alrededor del suelo. El promotor busca revalorizar propiedades, el político presenta el crecimiento como objetivo colectivo y fuente de empleo e impuestos, el periódico local vende más con una ciudad que crece, las universidades, los equipos deportivos y las empresas de servicios se benefician de más población y actividad. Ningún actor necesita el mismo interés exacto; basta con que todos ganen si el suelo vale más. Molotch y John Logan desarrollaron la idea en Urban Fortunes (1987) y mostraron que la máquina de crecimiento domina la política local estadounidense porque quienes la forman tienen recursos, tiempo y acceso que los vecinos no tienen.

Valor de uso frente a valor de cambio: quién paga el crecimiento

La tensión central es entre valor de uso y valor de cambio. Una parcela tiene para quienes la usan un valor de uso, el barrio, el comercio, las relaciones, la vivienda asequible, y para la coalición un valor de cambio, lo que puede llegar a valer como propiedad. El crecimiento favorece sistemáticamente el segundo: se recalifica suelo, se construyen infraestructuras, se subvencionan proyectos y se relajan normas para elevar rentas, y los costes, desplazamiento, congestión, pérdida de servicios y de identidad, recaen sobre quienes vivían allí. La máquina, muestra Molotch, no distribuye los beneficios del crecimiento: los concentra en quienes poseen el suelo que se revaloriza.

La promesa de empleo y lo que el crecimiento garantiza de verdad

La promesa de empleo es el argumento que sostiene la máquina, y Molotch la examina con escepticismo. El crecimiento local no crea necesariamente más empleo por habitante ni mejores salarios, porque la población atraída compite por los puestos y porque los grandes proyectos, estadios, centros de convenciones, sedes corporativas subvencionadas, rara vez devuelven a la ciudad lo que cuestan; los estudios posteriores sobre incentivos fiscales lo han confirmado. Lo que el crecimiento garantiza es la revalorización del suelo, y por eso la coalición lo defiende con independencia de sus efectos sobre el empleo.

Resistencias, límites del modelo y qué preguntar ante una grúa

Las resistencias existen y Molotch las estudió. Los movimientos vecinales que defienden el valor de uso, contra autopistas, demoliciones y torres, han obtenido victorias en ciudades enteras: San Francisco, Santa Bárbara o Boulder limitaron el crecimiento en los años setenta y ochenta, y el control de alquileres, la zonificación inclusiva y los fideicomisos de suelo son instrumentos que arrebatan suelo a la máquina. Sus críticos señalan que el modelo describe mejor Estados Unidos, con gobiernos locales dependientes del impuesto sobre la propiedad, que ciudades con Estados fuertes, y que la oposición al crecimiento puede convertirse en exclusión cuando barrios ricos bloquean vivienda asequible.

La lección de Molotch es que cuando una ciudad anuncia crecimiento hay que preguntar quién posee el suelo que va a valer más. La máquina de crecimiento presenta como bien común lo que es beneficio de una coalición, y desmontar esa narrativa es el primer paso para una política urbana que mida el desarrollo por el valor de uso que crea, vivienda, servicios, empleo digno, y no por el valor de cambio que captura. La grúa, en su lectura, no es una promesa para todos sino una señal de que alguien ya ha calculado cuánto va a ganar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la máquina de crecimiento según Harvey Molotch?

Es la coalición de propietarios de suelo, promotores, bancos, medios locales, empresas de servicios y políticos cuyo interés común es aumentar el valor de cambio del suelo, y que presenta el crecimiento como objetivo colectivo de toda la ciudad aunque sus beneficios se concentren en quienes poseen las propiedades que se revalorizan.

¿Quiénes son los verdaderos ganadores cuando la ciudad se vuelve negocio?

Los empresarios del lugar, quienes poseen el suelo que va a valer más con cada recalificación, infraestructura o gran proyecto, mientras los costes del crecimiento, desplazamiento, congestión y pérdida de servicios e identidad, recaen sobre los vecinos que valoraban el barrio por su uso.

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