Puntos clave
- Harvey: cuando la industria deja de rendir, el capital sobrante se desplaza al entorno construido y produce auges y burbujas.
- El arreglo espacial resuelve crisis reorganizando el territorio, como Haussmann en París o Moses en Nueva York.
- La lucha no es contra la construcción sino contra su lógica: decidir colectivamente qué se construye, dónde y para quién.
La acumulación capitalista en el espacio es el proceso por el que el capital, para seguir creciendo, rehace continuamente la ciudad, y David Harvey, geógrafo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, lo explicó en Los límites del capital (1982) y La urbanización del capital (1985) con una pregunta sencilla: por qué aparece una torre nueva donde ayer había otra forma de usar el suelo. Su respuesta es que la ciudad no es solo el escenario donde ocurre la economía sino una de sus piezas: la inversión busca rentabilidad y, al hacerlo, transforma suelo, vivienda e infraestructura, de modo que los edificios visibles son el resultado material de una relación entre capital, territorio y decisiones sobre qué espacios deben cambiar.
Cambio de circuito: el capital sobrante se refugia en el entorno construido
El primer concepto es el cambio de circuito. Harvey observa que cuando la producción industrial, el circuito primario, deja de ofrecer beneficios suficientes, el capital sobrante se desplaza al circuito secundario, el entorno construido, edificios, viviendas, oficinas, autopistas, donde puede fijarse durante décadas y producir renta. Ese desplazamiento explica los auges inmobiliarios que siguen a las crisis industriales y también las burbujas que estallan cuando el entorno construido absorbe más capital del que la economía puede remunerar, como ocurrió en 2008 con las hipotecas estadounidenses y en España con la construcción.
Arreglo espacial: de Haussmann a Robert Moses
El segundo concepto es el arreglo espacial. El capital resuelve sus crisis de sobreacumulación reorganizando el territorio: abre nuevos mercados, construye infraestructuras que conectan y devalúan regiones, traslada la producción a lugares más baratos y produce con ello un desarrollo geográfico desigual en que unas zonas concentran inversión mientras otras quedan abandonadas hasta que vuelven a ser rentables. Harvey reconstruye ese mecanismo en la París de Haussmann, que absorbió el capital ocioso de 1848 en bulevares y edificios, y en la Nueva York de Robert Moses, que hizo lo mismo tras 1945 con autopistas y suburbios; en ambos casos la ciudad se destruyó y reconstruyó para que el capital siguiera circulando.
La vivienda como activo y el derecho a la ciudad
La vivienda es donde el proceso se vive. Una casa es a la vez el lugar de la vida cotidiana y un activo en que la inversión busca rentabilidad, y Harvey muestra que esa doble condición explica la gentrificación, los desahucios y la financiarización: cuando el suelo urbano se convierte en el destino preferido del capital sobrante, los precios se separan de los salarios y los habitantes son desplazados por los usos que pagan más. El derecho a la ciudad, que desarrolló a partir de Lefebvre, es su respuesta política: el control democrático sobre el excedente que la urbanización produce y sobre cómo se invierte.
Contraargumento: no contra la construcción sino contra su lógica
El contraargumento merece atención: sin inversión no hay vivienda, infraestructura ni transformaciones que la ciudad necesita, y no toda inversión es depredadora. Harvey lo acepta y desplaza la pregunta hacia el criterio que organiza la inversión: si es la rentabilidad del capital, la ciudad se construye donde y para quien paga más, y las crisis se repiten; si es la necesidad social, la misma capacidad de construir puede producir vivienda asequible, transporte y espacio público. La lucha contra la acumulación en el espacio no es contra la construcción sino contra su lógica.
La lección de Harvey es que la forma de la ciudad es la forma que el capital necesita en cada momento, y que por eso cambia con cada ciclo de auge y crisis. Leer una torre nueva como movimiento de capital, y no solo como arquitectura, permite anticipar dónde vendrán el desplazamiento y la burbuja, y da a los movimientos urbanos, de las plataformas contra los desahucios a las ocupaciones de plazas, un objetivo preciso: decidir colectivamente qué se construye, dónde y para quién.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la urbanización del capital según David Harvey?
Es el proceso por el que el capital sobrante de la producción se desplaza al circuito secundario, el entorno construido de edificios, viviendas e infraestructuras, donde se fija durante décadas y produce renta, de modo que la ciudad se rehace continuamente para que el capital siga circulando y las burbujas estallan cuando absorbe más del que puede remunerarse.
¿Qué es el arreglo espacial?
Es la forma en que el capital resuelve sus crisis de sobreacumulación reorganizando el territorio: nuevos mercados, infraestructuras que conectan y devalúan regiones, traslado de la producción a lugares más baratos, produciendo un desarrollo geográfico desigual entre zonas que concentran inversión y zonas abandonadas.