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Calle y movilidad

Ciudadanía insurgente: James Holston y la ciudad desde las bases

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Puntos clave

  1. Holston: al autoconstruir sus barrios y litigar por sus títulos, los pobres de São Paulo produjeron una ciudadanía que el Estado no les concedía.
  2. Esa insurgencia alimentó la Constitución de 1988 y el Estatuto de la Ciudad de 2001.
  3. La misma insurgencia puede producir nuevas exclusiones y convivió con la ciudad de muros.

La ciudadanía insurgente es el concepto con que el antropólogo James Holston, en Insurgent Citizenship: Disjunctions of Democracy and Modernity in Brazil (2008), describió cómo los habitantes de las periferias de São Paulo, al construir sus casas, legalizar sus terrenos y organizarse para exigir servicios, produjeron una ciudadanía nueva que el Estado no les había concedido. Frente a la ciudadanía formal, definida por derechos otorgados desde arriba y en la práctica reservada a las élites, la ciudadanía insurgente se conquista desde abajo, en la lucha cotidiana por la vivienda, el agua, el transporte y el reconocimiento. Manuel Castells había mostrado en La ciudad y las masas (1983) que los movimientos urbanos cambian el significado de la ciudad; Holston añade que también cambian quién cuenta como ciudadano.

La paradoja brasileña: igualdad legal y ciudadanía diferenciada

Holston parte de una paradoja brasileña. Brasil tuvo durante siglos una ciudadanía diferenciada: igual en la ley, desigual en el acceso a derechos, de modo que la propiedad, la educación y la relación con el poder decidían quién era tratado como ciudadano pleno. Las periferias autoconstruidas que crecieron alrededor de São Paulo desde los años cuarenta parecían la prueba de esa exclusión, pero su investigación etnográfica, realizada durante décadas en barrios como Jardim das Camélias, mostró lo contrario: al ocupar tierras, litigar por sus títulos, aprender derecho y organizar asociaciones de vecinos, sus habitantes convirtieron la periferia en escuela de ciudadanía.

Autoconstrucción como práctica política y la Constitución de 1988

El mecanismo es la autoconstrucción como práctica política. Construir la casa propia a lo largo de años, con recursos escasos y sin permisos, genera un sentido de contribución y pertenencia que fundamenta reclamaciones: quien ha edificado el barrio exige el asfalto, la escuela y el autobús como derechos ganados, no como favores. Holston muestra que esas demandas transformaron la relación de los pobres urbanos con el Estado y alimentaron el proceso constituyente de 1988, cuya Constitución reconoció la función social de la propiedad y abrió la puerta al Estatuto de la Ciudad de 2001. La ciudadanía insurgente es a la vez cotidiana y constitucional.

Castells y los tres objetivos de los movimientos urbanos

Castells ofrece el marco comparado. En su estudio de movimientos urbanos de Madrid, San Francisco, Glasgow y América Latina identificó tres metas, consumo colectivo, identidad comunitaria y autonomía política, y concluyó que los movimientos que las combinan cambian la ciudad. La ciudadanía insurgente de Holston cumple las tres: reclama servicios, afirma la identidad de la periferia y disputa al Estado la definición de la ciudadanía. Ambos autores subrayan, sin embargo, que estos movimientos rara vez toman el poder y que sus conquistas conviven con la represión, la cooptación clientelar y la fragmentación interna.

Ambigüedades: nuevas exclusiones y la ciudad de muros

Holston advierte de la ambigüedad del proceso. La misma insurgencia que amplía derechos puede producir nuevas exclusiones, cuando los ocupantes ya regularizados se oponen a los recién llegados, cuando la violencia sustituye a la organización o cuando la ciudadanía diferenciada se reproduce dentro de la periferia. Y la democratización brasileña de los años ochenta y noventa coincidió con un aumento de la violencia urbana y de la privatización del espacio, los condominios cerrados que Teresa Caldeira estudió en Ciudad de muros, de modo que la ciudadanía insurgente y la ciudad fortificada crecieron juntas.

La aportación del concepto es haber cambiado la mirada sobre las periferias del Sur global. Lo que la planificación veía como ilegalidad e informalidad es, para Holston, el lugar donde se produce la ciudadanía real, y esa lectura ha influido en los estudios sobre asentamientos informales de Bombay a Ciudad de México y en las políticas de regularización y mejora de barrios. La lección para el urbanismo es que la ciudad justa no la conceden los planes sino que la conquistan quienes la construyen, y que la tarea del Estado es reconocer esa conquista en derechos, servicios y voz.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la ciudadanía insurgente según James Holston?

Es la ciudadanía que los habitantes de las periferias brasileñas conquistaron desde abajo al construir sus casas, legalizar sus terrenos y organizarse para exigir servicios, frente a una ciudadanía formal igual en la ley pero desigual en el acceso real a los derechos.

¿Qué relación tiene con los movimientos urbanos de Castells?

Castells identificó tres metas de los movimientos urbanos, consumo colectivo, identidad y autonomía política; la ciudadanía insurgente cumple las tres al reclamar servicios, afirmar la identidad de la periferia y disputar al Estado la definición de quién es ciudadano.

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