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Gestión de los comunes: los ocho principios de Elinor Ostrom

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Puntos clave

  1. Los pastos de Törbel, las huertas valencianas y los acuíferos californianos prueban que los comunes pueden durar siglos.
  2. Ocho principios: límites claros, reglas locales, participación, vigilancia propia, sanciones graduadas y niveles anidados.
  3. Hardin confundió el común con el acceso abierto; lo que destruye los comunes suele ser la intervención externa.

La gestión de los comunes es el problema de cómo gobernar un recurso compartido, un acuífero, un bosque, un banco de pesca, un pastizal o el espacio público de una ciudad, sin que la suma de usos individuales lo agote. Durante décadas la respuesta académica fue pesimista: en 1968 el biólogo Garrett Hardin publicó La tragedia de los comunes, donde sostenía que cada usuario racional aumentaría su explotación hasta destruir el recurso, y que solo la propiedad privada o el control estatal podían evitarlo. Elinor Ostrom, politóloga de la Universidad de Indiana, dedicó su carrera a demostrar con datos que existe una tercera vía, y en 2009 recibió por ello el Premio Nobel de Economía, la primera mujer en obtenerlo.

Casos que refutan la tragedia de los comunes

Su libro El gobierno de los bienes comunes (1990) reúne decenas de casos en que comunidades han gestionado recursos compartidos durante siglos sin agotarlos ni necesitar tutela externa. Los pastos alpinos de Törbel, en Suiza, regulados por normas comunales desde 1517. Los bosques de las aldeas japonesas de Hirano, Nagaike y Yamanoka. Las huertas de Valencia, Murcia y Alicante, con sus tribunales de aguas que reparten el riego y sancionan al infractor desde la Edad Media. Las zanjeras filipinas y los sistemas de riego de Sri Lanka. Los acuíferos del sur de California, donde los usuarios crearon sus propias instituciones para frenar la sobreexplotación. En todos ellos, la clave no era la propiedad sino las reglas.

Los ocho principios de diseño de Elinor Ostrom

De la comparación de casos exitosos y fallidos Ostrom extrajo ocho principios de diseño. Límites claros sobre quién puede usar el recurso y cuál es su extensión. Reglas de uso adaptadas a las condiciones locales, no importadas. Participación de los usuarios en la elaboración y modificación de esas reglas. Vigilancia ejercida por los propios usuarios o por personas que responden ante ellos. Sanciones graduadas, leves para la primera infracción y crecientes para las reincidencias. Mecanismos rápidos y baratos de resolución de conflictos. Reconocimiento por parte de las autoridades del derecho de la comunidad a organizarse. Y, para recursos grandes, organización en niveles anidados, del grupo local al regional.

Común no es acceso abierto: el error de Hardin

El error de Hardin, mostró Ostrom, fue confundir el común con el acceso abierto. Un recurso sin reglas ni comunidad se agota, como predijo; un común gobernado por una comunidad con reglas propias puede durar siglos. Lo que destruye los comunes no suele ser la libertad de los usuarios sino la intervención externa que ignora las instituciones locales: la nacionalización de bosques en Nepal o Tailandia, que sustituyó la vigilancia comunal por guardas lejanos, aceleró la deforestación en lugar de frenarla. Ostrom llamó a esto la importancia de las instituciones policéntricas: muchos centros de decisión coordinados, en vez de uno solo.

Comunes urbanos: de Bolonia a la ciudad como común

Aplicados a la ciudad, los principios de Ostrom explican el éxito de huertos urbanos gestionados por vecinos, de cooperativas de vivienda, de redes de energía comunitaria o de las asociaciones que cuidan parques y plazas. Bolonia aprobó en 2014 un reglamento de colaboración para el cuidado de los bienes comunes urbanos que permite a ciudadanos y ayuntamiento firmar pactos para gestionar espacios, y decenas de ciudades italianas y europeas lo han copiado. La economista Sheila Foster y el jurista Christian Iaione han desarrollado desde entonces la idea de la ciudad como común, donde el gobierno urbano se comparte entre administración, vecinos y organizaciones.

Ostrom no idealizó la comunidad ni rechazó el Estado y el mercado: sostuvo que cada recurso necesita la combinación de instituciones que mejor se ajuste a sus condiciones, y que esa combinación solo puede diseñarse conociendo el caso concreto. Su legado para el urbanismo es una regla de método: antes de privatizar o de centralizar, preguntar qué reglas ya funcionan, quién las cumple y por qué, y construir sobre ellas. Los comunes no son una reliquia del pasado rural sino una forma de gobierno que las ciudades están redescubriendo.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los ocho principios de diseño de Elinor Ostrom?

Límites claros del recurso y de los usuarios, reglas adaptadas a las condiciones locales, participación de los usuarios en las reglas, vigilancia propia, sanciones graduadas, resolución rápida de conflictos, reconocimiento del derecho a organizarse y organización en niveles anidados para recursos grandes.

¿Qué son los comunes urbanos?

Son recursos de la ciudad gestionados de forma compartida por vecinos, organizaciones y administración, como huertos, plazas, cooperativas de vivienda o redes energéticas; Bolonia los reguló en 2014 con un reglamento de colaboración que muchas ciudades han copiado.

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