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Calle y movilidad

Interseccionalidad en el espacio urbano: una ciudad para todos

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Puntos clave

  1. Crenshaw: las opresiones se intersecan y producen un daño específico que ninguna categoría aislada explica.
  2. Kern: el miedo, el cuidado y el acceso a la ciudad se distribuyen de forma interseccional, no solo por género.
  3. Desagregar datos, auditar cruzando variables y diseñar con quienes acumulan más barreras corrige la planificación.

La interseccionalidad en el espacio urbano es el enfoque que analiza cómo el género, la raza, la clase, la edad, la discapacidad y la orientación sexual se combinan para producir experiencias distintas de la misma ciudad, de modo que una calle, un autobús o un parque no son iguales para todos sus usuarios. El concepto lo acuñó la jurista estadounidense Kimberlé Crenshaw en 1989 para explicar por qué la discriminación que sufrían las mujeres negras no cabía ni en el feminismo ni en el antirracismo por separado, y los estudios urbanos lo han adoptado, con autoras como Leslie Kern, para corregir una planificación que durante un siglo diseñó para un usuario único: el hombre adulto, blanco, sano y con coche.

Kimberlé Crenshaw: el cruce de caminos y las opresiones que se intersecan

Crenshaw partió de casos judiciales en que mujeres negras denunciaban discriminación laboral y los tribunales la negaban porque la empresa contrataba a mujeres, blancas, y a negros, hombres. Su metáfora del cruce de caminos describe cómo las opresiones se intersecan y producen un daño específico, distinto de la suma de sus partes. Trasladada a la ciudad, la idea muestra que la mujer migrante que limpia oficinas de madrugada, el joven negro parado por la policía, la persona mayor con movilidad reducida en un barrio sin ascensores o la mujer trans en un baño segregado viven exclusiones que ninguna categoría aislada explica ni ninguna política sectorial resuelve.

Leslie Kern: miedo, cuidado y acceso distribuidos de forma interseccional

Kern, en Feminist City (2019), aplicó esa mirada a la vida cotidiana y mostró que el miedo, el cuidado y el acceso se distribuyen de forma interseccional. La ciudad del miedo no es la misma para una mujer blanca de clase media que para una mujer negra, cuya percepción de seguridad incluye a la policía como amenaza; la ciudad de las madres no es la misma para quien tiene coche que para quien empuja el carrito hasta el autobús; la ciudad del trabajo no es la misma para la profesional que para la trabajadora doméstica sin papeles. La interseccionalidad obliga a preguntar, ante cada dato agregado sobre mujeres o migrantes, quién queda oculto en la media.

Datos desagregados y auditorías: la interseccionalidad en la práctica

En la práctica, el análisis interseccional cambia cómo se recogen y usan los datos urbanos. Las encuestas de movilidad que solo distinguen por sexo ocultan que las mujeres mayores de barrios pobres apenas se desplazan de noche; las estadísticas de seguridad que no cruzan raza y género no ven la violencia específica contra las mujeres racializadas; los planes de accesibilidad que atienden a la discapacidad sin la renta ignoran a quien no puede pagar el taxi adaptado. Ciudades como Viena, Barcelona o Montreal han empezado a desagregar datos y a realizar auditorías que cruzan variables, y a diseñar con grupos que reúnen esas intersecciones en lugar de con representantes genéricos.

Diseñar para quienes acumulan más barreras

Las respuestas de diseño y política son concretas. Transporte con frecuencias en horas de cuidado y tarifas sociales que lleguen a las trabajadoras migrantes. Espacio público con iluminación, visibilidad y presencia que no dependa de la policía, diseñado con las mujeres de cada barrio. Vivienda que combine accesibilidad física y asequibilidad. Baños públicos inclusivos y accesibles. Y participación que garantice tiempo, traducción, cuidado de niños y transporte para que quienes acumulan más barreras puedan estar en la mesa. Crenshaw insiste en que la interseccionalidad no es una lista de identidades sino una herramienta para ver estructuras de poder, y Kern añade que esas estructuras están hechas de bordillos, horarios y miradas.

La lección para el urbanismo es que no existe el usuario medio. Cada decisión sobre una calle, una parada o una plaza afecta de forma distinta a personas situadas en cruces distintos de género, raza, clase, edad y capacidad, y una ciudad justa es la que diseña para quienes acumulan más barreras, porque lo que funciona para ellas funciona para todos. La interseccionalidad, nacida en un tribunal, se ha convertido en el instrumento más preciso para desentrañar las experiencias de la ciudad y corregir las que la planificación no supo ver.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la interseccionalidad según Kimberlé Crenshaw?

Es el concepto, formulado en 1989 a partir de casos de discriminación contra mujeres negras, según el cual las opresiones de género, raza y clase se intersecan como un cruce de caminos y producen un daño específico, distinto de la suma de sus partes, que las políticas sectoriales no ven ni resuelven.

¿Cómo se aplica la interseccionalidad en el urbanismo?

Desagregando los datos de movilidad, seguridad y vivienda por género, raza, edad, renta y discapacidad; realizando auditorías que crucen variables; y diseñando transporte, espacio público y participación con los grupos que acumulan más barreras, como han empezado a hacer Viena, Barcelona o Montreal.

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