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Calle y movilidad

Jane Jacobs: la vida en las calles construye ciudades seguras

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Puntos clave

  1. Jacobs: la seguridad es un subproducto de la presencia social; una calle con usos mezclados está vigilada por su propia vida cotidiana.
  2. Cuatro condiciones de la diversidad: mezcla de usos, manzanas pequeñas, edificios de distintas edades y densidad suficiente.
  3. Frenó la autopista del Bajo Manhattan y advirtió de que la diversidad exitosa puede autodestruirse mediante la gentrificación.

La vida en las calles construye ciudades seguras y vivas, y esa es la tesis central de Muerte y vida de las grandes ciudades (1961) de Jane Jacobs: una calle que sigue activa al caer la tarde, con alguien que compra pan, otra persona que vuelve a casa y comerciantes y vecinos que miran desde puertas y ventanas, está vigilada por su propia vida cotidiana y no necesita ninguna operación de seguridad para ser segura. Jacobs, periodista sin formación urbanística que vivía en Hudson Street, en el Greenwich Village, escribió contra la renovación urbana de Robert Moses y contra la doctrina modernista de separar funciones, y su respuesta a qué hace vital a una ciudad es que los barrios funcionan mediante diversidad, adaptación, redes informales y conocimiento local, no mediante esquemas impuestos desde arriba.

Mezcla de usos y ojos en la calle: la seguridad como subproducto de la presencia

El mecanismo empieza con la mezcla de usos. Cuando vivienda, comercio, trabajo y otras actividades comparten una calle, distintos usuarios aparecen a distintas horas y esa variedad mantiene la calle ocupada de la mañana a la noche. Jacobs llamó ojos en la calle al resultado: la vigilancia cotidiana que producen comerciantes, residentes y peatones presentes porque usan el lugar con frecuencia. La seguridad, en su lectura, es un subproducto de la presencia social y no de la policía ni las vallas, y una calle especializada en una sola función, solo oficinas o solo viviendas, se vacía cuando esa función termina y se vuelve peligrosa precisamente porque no hay nadie.

Manzanas pequeñas: tramas permeables y caminos que se cruzan

La segunda condición son las manzanas pequeñas. Una manzana corta ofrece más esquinas y más formas de elegir un recorrido, de modo que los caminos se cruzan más a menudo y a un barrio se entra por muchos puntos; las manzanas grandes concentran el movimiento en pocas calles y dejan muertas las demás. Los ejemplos de Manhattan de Jacobs contrastaban las largas manzanas del Upper West Side con el grano fino del Village, y la investigación posterior sobre caminabilidad ha confirmado que las tramas permeables sostienen más actividad peatonal y más comercio local. Ningún rasgo funciona solo: las manzanas pequeñas importan junto con la mezcla de usos y la densidad.

Edificios antiguos y densidad: las cuatro condiciones de la diversidad

La tercera y la cuarta condición son los edificios antiguos y la densidad. Los edificios viejos de alquiler bajo, sostenía Jacobs, son donde pueden empezar las ideas nuevas, las tiendas pequeñas y las empresas incipientes, y por eso un distrito necesita mezcla de edades y tipos de edificio; y hace falta una concentración suficiente de personas para que se sostengan comercios, servicios y vida de calle, motivo por el que defendió la densidad frente a la ciudad jardín y las torres en el parque del modernismo. Su distinción entre densidad y hacinamiento, muchas viviendas por hectárea frente a muchas personas por habitación, es la que el debate de la pandemia redescubrió sesenta años después.

De Washington Square a la autopista del Bajo Manhattan: Jacobs en acción

Jacobs convirtió la observación en acción política. Lideró las campañas que frenaron en 1958 la prolongación de la Quinta Avenida a través de Washington Square Park y la autopista del Bajo Manhattan que Moses planeaba a través del SoHo y Little Italy en los años sesenta, y fue detenida en 1968 durante una audiencia pública. Su libro influyó en el fin de la demolición masiva de barrios en Estados Unidos, en el auge de la conservación del patrimonio y la planificación comunitaria y en el Nuevo Urbanismo, aunque ella rechazaba su tendencia a diseñar la apariencia de la diversidad en lugar de dejarla crecer.

El contraargumento merece atención: los planes ordenados aportan coordinación y control sobre los conflictos entre usos, y la complejidad no produce automáticamente seguridad ni convivencia; los críticos señalan además que los barrios vivos que Jacobs elogió se convirtieron, por su propio éxito, en los más caros de sus ciudades, una gentrificación de la que ella misma advirtió en su capítulo sobre la autodestrucción de la diversidad. Su enfoque no elimina el diseño sino que cambia su punto de partida: antes de reorganizar un barrio, los planificadores deberían entender qué redes, actividades y presencias ya lo hacen funcionar, y construir sobre ellas en lugar de sustituirlas.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los ojos en la calle según Jane Jacobs?

La vigilancia cotidiana que producen comerciantes, residentes y peatones presentes en una calle porque la usan con frecuencia; cuando vivienda, comercio y trabajo se mezclan, la calle permanece ocupada de la mañana a la noche y se vuelve segura sin policía ni vallas.

¿Cuáles son las cuatro condiciones de Jacobs para la vitalidad urbana?

Usos primarios mezclados que traen gente a distintas horas, manzanas pequeñas que multiplican esquinas y recorridos, edificios de distintas edades incluidos los antiguos y baratos donde pueden empezar nuevas actividades, y una concentración suficiente de personas para sostener comercios, servicios y vida de calle.

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