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Clima y naturaleza

Karen Bakker: por qué fracasó la privatización del agua

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Puntos clave

  1. Bakker: el agua es una mercancía poco cooperativa, pesada, insustituible y cargada de derechos, que el mercado gestiona mal.
  2. Las concesiones de los noventa en Yakarta, Manila o Buenos Aires no extendieron la red a los barrios pobres porque no era rentable.
  3. La solución no es público contra privado sino gobernanza: reguladores, tarifas sociales y gestión comunitaria.

Karen Bakker (1971-2023) fue la geógrafa canadiense, profesora en la Universidad de Columbia Británica, que mejor explicó por qué la privatización del agua fracasó en resolver la crisis hídrica de las ciudades del mundo y qué alternativas existen entre el mercado y el Estado. En Privatizing Water: Governance Failure and the World's Urban Water Crisis (2010) y en An Uncooperative Commodity (2003), su estudio de la privatización en Inglaterra y Gales, sostuvo que el agua es una mercancía poco cooperativa: pesada, difícil de transportar, imposible de sustituir y cargada de significados culturales y de derechos, lo que hace que ni la empresa privada ni la burocracia pública la gestionen bien sin la participación de las comunidades.

Inglaterra y Gales 1989: la privatización total y sus resultados

Bakker parte del experimento británico. En 1989 el gobierno de Thatcher privatizó por completo el agua de Inglaterra y Gales, el caso más radical del mundo, y su investigación mostró que las empresas elevaron tarifas, cortaron el suministro a morosos hasta que se prohibió en 1999, repartieron dividendos y dejaron fugas y vertidos que un regulador cada vez más débil no pudo corregir. La conclusión no fue solo que la privatización falla, sino que el modelo de ambientalismo de mercado, tratar el agua como bien económico para asignarla con precios, choca con la naturaleza física y social del recurso.

Yakarta, Manila, Buenos Aires: el fallo de gobernanza en el Sur

En Privatizing Water amplió la mirada al Sur global. Durante los años noventa, el Banco Mundial condicionó préstamos a la concesión de sistemas urbanos de agua a empresas privadas, y Bakker siguió los casos de Yakarta, Manila, Buenos Aires y Cochabamba. Su hallazgo es que las empresas no invirtieron en extender la red a los barrios pobres, porque no era rentable, y que el fracaso privado se atribuyó a una gobernanza deficiente que tampoco el sector público había resuelto: antes de la privatización, las empresas estatales ya dejaban sin servicio a los asentamientos informales. La crisis urbana del agua, sostiene, es un fallo de gobernanza que afecta a ambos modelos.

Ni público ni privado: gobernanza, tarifas y gestión comunitaria

Bakker rechaza por eso la dicotomía público contra privado. Su propuesta es analizar quién gobierna el agua y con qué reglas: reguladores independientes, tarifas que garanticen un consumo básico gratuito o subvencionado, participación de los usuarios y reconocimiento de las formas comunitarias de gestión, cooperativas de agua, sistemas vecinales, que en muchas ciudades del Sur abastecen a quienes la red no llega. El derecho humano al agua, reconocido por la ONU en 2010, le parece necesario pero insuficiente si no se traduce en obligaciones concretas de extensión del servicio y en un modelo de gobernanza que lo haga cumplir.

Ecología política del agua y el legado de Bakker

Su trabajo dialoga con la ecología política del agua de Erik Swyngedouw y con la justicia ambiental. Frente a la lectura del agua como pura mercancía, Bakker mostró que las decisiones sobre tarifas, redes y cortes distribuyen riesgos y derechos entre clases y barrios, y que las ciudades que han logrado servicio universal, como Porto Alegre con su empresa pública participativa, lo hicieron combinando propiedad pública, control ciudadano y tarifas sociales. En sus últimos años se dedicó a otro tema, los sonidos de la naturaleza y la tecnología para escucharlos, en The Sounds of Life (2022), antes de su muerte prematura en 2023.

La lección de Bakker para las ciudades es que el acceso al agua no lo garantiza la forma de propiedad sino la gobernanza: reglas claras, inversión en los barrios que no son rentables, tarifas justas y voz de las comunidades. La ola de remunicipalizaciones que siguió a los fracasos privados, de París a Buenos Aires, confirma su diagnóstico y también su advertencia: devolver el agua a lo público es solo el primer paso, y una empresa pública sin transparencia ni participación puede repetir la exclusión que se quería corregir.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostiene Karen Bakker sobre la privatización del agua?

Que fracasó porque el agua es una mercancía poco cooperativa, pesada, imposible de sustituir y cargada de derechos, y que en Inglaterra y Gales desde 1989 y en las concesiones del Sur global las empresas elevaron tarifas y no invirtieron en los barrios pobres, aunque el sector público tampoco había resuelto esa exclusión.

¿Qué propone Bakker para garantizar el acceso al agua?

Analizar quién gobierna el agua y con qué reglas: reguladores independientes, tarifas que garanticen un consumo básico, participación de los usuarios y reconocimiento de las formas comunitarias de gestión, además de traducir el derecho humano al agua en obligaciones concretas de extensión del servicio.

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