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Forma urbana

Christine Boyer: memoria colectiva y planificación urbana

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Puntos clave

  1. Boyer parte de Halbwachs: recordamos porque los lugares permanecen; la ciudad es el marco de la memoria colectiva.
  2. La regeneración desde los años setenta fabrica escenarios históricos sin conflicto ni pobreza para el consumo.
  3. Conservar cada fachada y expulsar a los vecinos mantiene el aspecto del lugar y destruye su memoria.

La memoria colectiva en la planificación urbana es el conjunto de recuerdos, símbolos y relatos compartidos que una sociedad asocia a sus calles, plazas y edificios, y que cada intervención urbanística conserva, borra o reinventa. La arquitecta y teórica M. Christine Boyer, profesora en la Universidad de Princeton, dedicó a esa cuestión su libro más influyente, The City of Collective Memory: Its Historical Imagery and Architectural Entertainments (1994). Su tesis es doble: la ciudad ha sido siempre un dispositivo de memoria, y la planificación contemporánea, al convertir el pasado en decorado para el consumo, está sustituyendo la memoria viva por su imitación.

De Halbwachs a Boyer: la ciudad como marco de la memoria

Boyer toma el concepto de memoria colectiva del sociólogo Maurice Halbwachs, para quien los recuerdos no se guardan en la mente individual sino en marcos sociales, y el más sólido de esos marcos es el espacio. Recordamos porque los lugares permanecen: la casa de la infancia, la esquina del encuentro, el monumento de la plaza. Boyer recorre tres modelos históricos de ciudad como memoria. La ciudad como obra de arte del siglo XIX, con sus monumentos y perspectivas que enseñaban a la ciudadanía qué debía recordar. La ciudad como panorama de la modernidad, con sus exposiciones universales y sus vistas totales. Y la ciudad como espectáculo del presente, hecha de fragmentos históricos recompuestos.

La crítica a la arquitectura del entretenimiento histórico

Su crítica se dirige a este último modelo. Desde los años setenta, dice Boyer, la conservación del patrimonio y la regeneración urbana han aprendido a fabricar escenarios históricos: puertos rehabilitados como South Street Seaport en Nueva York o Faneuil Hall en Boston, distritos de fachadas restauradas con comercio de cadena detrás, plazas que imitan la traza antigua para vender vivienda de lujo. Esa arquitectura del entretenimiento selecciona los fragmentos del pasado que resultan agradables, elimina el conflicto, el trabajo y la pobreza que los produjeron, y los ofrece como imagen para turistas y compradores. La memoria se convierte en mercancía y la ciudad en museo de sí misma.

Memoria como imagen y gentrificación patrimonial

Las consecuencias para la planificación son concretas. Cuando la memoria se gestiona como imagen, quienes deciden qué se conserva son promotores y departamentos de marketing, no las comunidades que habitan los lugares. La renovación de un barrio histórico puede mantener cada fachada y expulsar a todos los vecinos, con lo que el lugar conserva su aspecto y pierde su memoria. Boyer advierte que ese proceso, que hoy llamamos gentrificación patrimonial, no es un efecto secundario sino el objetivo de un urbanismo que usa la historia como valor añadido inmobiliario.

Planificar con la memoria como tejido, no como fachada

Frente a la memoria espectáculo, Boyer defiende una planificación que trate la memoria como tejido y no como fachada. Eso implica documentar y proteger los usos, los oficios y los relatos de un lugar tanto como sus muros; reconocer las memorias incómodas, las de la industria, la migración, el conflicto o la represión, que la imagen turística borra; e implicar a los habitantes en decidir qué se recuerda y cómo. Su obra dialoga con la de Dolores Hayden sobre el poder del lugar y con la de Aldo Rossi sobre la ciudad como memoria construida, y anticipa el debate actual sobre monumentos, patrimonio disonante y derecho a la memoria urbana.

The City of Collective Memory sigue siendo referencia porque describió antes que nadie un fenómeno que hoy es global: cascos históricos convertidos en parques temáticos, mercados centenarios transformados en patios de comida, barrios obreros vendidos como auténticos una vez que ya no queda ningún obrero. Boyer no propone congelar la ciudad sino recordarla de verdad, con sus conflictos y sus habitantes, y hacer de esa memoria un criterio de planificación y no un argumento de venta.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostiene Christine Boyer en The City of Collective Memory?

Que la ciudad ha sido siempre un dispositivo de memoria colectiva y que la planificación contemporánea, al convertir el pasado en decorado para el turismo y el consumo, sustituye la memoria viva de los lugares por su imitación.

¿Qué es la memoria colectiva aplicada a la ciudad?

Es el conjunto de recuerdos, símbolos y relatos que una sociedad asocia a sus calles, plazas y edificios; según Halbwachs, los recuerdos se sostienen en marcos sociales y el espacio urbano es el más sólido de esos marcos.

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