Puntos clave
- Hong Kong fue entrepôt, potencia manufacturera y desde los ochenta centro financiero, adaptándose a lo que China permitía.
- La ciudad global necesita instituciones fiables y libertad de información, y esa necesidad choca con la integración política.
- Uno de los lugares más ricos y desiguales del mundo: vivienda carísima, pisos jaula y casi la mitad de la población en vivienda pública.
Hong Kong como ciudad global es el objeto del libro Hong Kong: Becoming a Chinese Global City (2009), en que el sociólogo Stephen Chiu, de la Universidad China de Hong Kong, y Tai-lok Lui explicaron cómo una colonia británica se convirtió en uno de los centros financieros del mundo y qué significa serlo bajo soberanía china. Su tesis es que Hong Kong fue global antes que china y ahora debe ser ambas cosas a la vez: una ciudad cuya prosperidad depende de su conexión con los mercados internacionales y cuya política depende de Pekín, en un equilibrio, un país dos sistemas, que la transición de 1997 diseñó y que las dos décadas siguientes han puesto a prueba.
De entrepôt a fábrica y a centro financiero: tres etapas
Chiu y Lui reconstruyen tres etapas económicas. Tras 1841, Hong Kong fue un puerto de entrada y salida del comercio con China, un entrepôt sin industria. Los refugiados de la revolución de 1949, con capital y mano de obra de Shanghái y Cantón, la convirtieron en los años cincuenta y sesenta en una potencia manufacturera de textiles, plásticos y electrónica. Y desde los años ochenta, con la apertura de Deng Xiaoping, las fábricas cruzaron la frontera hacia el delta del río de las Perlas y la ciudad se especializó en finanzas, servicios profesionales y logística, la ciudad global de Saskia Sassen aplicada al caso asiático. Cada etapa, muestran, fue una adaptación a lo que China permitía o necesitaba.
Un país, dos sistemas: identidad, protestas y ley de seguridad
La política es la segunda dimensión. La Declaración Conjunta de 1984 y la Ley Básica prometieron cincuenta años de autonomía, sistema capitalista y libertades, y Chiu y Lui analizan cómo esa promesa produjo una identidad hongkonesa distinta de la china continental, expresada en las protestas de 2003 contra la ley de seguridad, en el Movimiento de los Paraguas de 2014 por el sufragio universal y, después de su libro, en las movilizaciones de 2019 y la ley de seguridad nacional de 2020 que las cerró. La ciudad global, sostienen, necesita instituciones fiables y libertad de información, y esa necesidad choca con la integración política.
Riqueza y desigualdad: suelo público, vivienda cara y pisos jaula
La desigualdad es la tercera. Hong Kong es una de las economías más ricas del mundo y una de las más desiguales, con un coeficiente de Gini entre los más altos de las economías avanzadas, el mercado de vivienda más caro del planeta durante años consecutivos, pisos jaula y viviendas subdivididas para los más pobres y cerca de la mitad de la población en vivienda pública o subvencionada. Los autores muestran que el modelo de bajos impuestos se financia con la venta de suelo público a promotores, lo que da al gobierno un interés directo en precios altos, y que la polarización entre profesionales financieros y trabajadores de servicios es la marca de la ciudad global.
Cultura, Shenzhen y la Gran Área de la Bahía
La cultura y la geografía completan el cuadro. Hong Kong fue durante décadas la capital del cine y la música popular en lengua china y un punto de encuentro entre Oriente y Occidente que le dio un carácter cosmopolita; hoy compite con Shenzhen, cuyo producto interior superó al de Hong Kong en 2018, y con Shanghái, y su futuro se juega en la integración en la Gran Área de la Bahía que Pekín impulsa desde 2017. Chiu y Lui anticiparon la pregunta que hoy domina: si una ciudad puede seguir siendo global cuando su singularidad institucional se reduce.
La lección de Hong Kong es que la condición de ciudad global no es permanente ni solo económica. Depende de instituciones, libertades y conexión, y puede erosionarse mientras los rascacielos siguen en pie. Para el urbanismo, es el caso que muestra a la vez la potencia de una ciudad puerto convertida en nodo financiero y los costes de ese modelo, vivienda inasequible, desigualdad extrema y dependencia política, y que obliga a preguntar para quién es global una ciudad global.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se convirtió Hong Kong en ciudad global?
En tres etapas: puerto de entrada y salida del comercio con China desde 1841, potencia manufacturera con los refugiados y el capital de 1949 en los años cincuenta y sesenta, y centro financiero y de servicios desde los años ochenta, cuando las fábricas cruzaron al delta del río de las Perlas con la apertura de Deng Xiaoping.
¿Qué tensiones analiza Stephen Chiu en Hong Kong?
La tensión entre la globalidad, que exige instituciones fiables y libertades, y la integración política en China bajo un país dos sistemas, expresada en las protestas de 2003, 2014 y 2019, y la desigualdad extrema de una economía financiada con la venta de suelo público que produce la vivienda más cara del mundo.