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La ciudad del espectáculo: consumo y exclusión según Debord y Zukin

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Puntos clave

  1. Debord: el espectáculo es una relación social mediada por imágenes que convierte a los habitantes en público de su propia vida.
  2. Zukin: la economía simbólica pacifica el espacio público con consumo vigilado y excluye a quien no encaja en la imagen.
  3. Río 2016 desplazó a decenas de miles de personas: el gran evento reparte el coste y concentra el beneficio.

La ciudad del espectáculo es la que se construye y se gobierna para ser vista: grandes eventos, edificios icónicos, distritos temáticos y campañas de imagen que atraen turistas, inversores y cámaras mientras la vida cotidiana de sus habitantes queda fuera del encuadre. El concepto procede de La sociedad del espectáculo (1967), donde el situacionista Guy Debord sostuvo que en el capitalismo avanzado las relaciones sociales están mediadas por imágenes y la vida se convierte en representación. La socióloga Sharon Zukin aplicó esa idea a la ciudad en The Cultures of Cities (1995), mostrando cómo la cultura y la imagen se han convertido en la principal economía simbólica urbana y en un instrumento para decidir quién pertenece a cada lugar.

Guy Debord: el espectáculo como relación social mediada por imágenes

Debord escribía contra el urbanismo funcionalista y la ciudad del consumo de los años sesenta, y los situacionistas propusieron prácticas para recuperarla: la deriva, caminar sin rumbo para redescubrir la ciudad más allá de sus circuitos comerciales, y la creación de situaciones que rompieran la pasividad del espectador. Su diagnóstico era que el espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre personas mediada por imágenes, y que la ciudad espectacular convierte a sus habitantes en público de su propia vida. Esa intuición ha ganado vigencia con las redes sociales, donde cada plaza y cada fachada se producen para ser fotografiadas.

Sharon Zukin: economía simbólica y pacificación por capuchino

Zukin describió el mecanismo económico. Tras la desindustrialización, las ciudades compitieron por capital y visitantes con museos, festivales, distritos culturales y paisajes cuidadosamente diseñados, y esa economía simbólica produjo espacios seguros, limpios y consumibles mediante lo que llamó pacificación por capuchino: la sustitución de la vida pública conflictiva por un escenario para el consumo, vigilado y gestionado, del que quedan excluidos quienes no encajan en la imagen. David Harvey había señalado en 1989 el mismo giro al urbanismo empresarial, en que el espectáculo urbano sirve para atraer inversión y ocultar la desigualdad.

Juegos Olímpicos, estadios y escaparates: el coste del gran evento

Los grandes eventos son el ejemplo más claro. Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 se citan como éxito de regeneración, pero también inauguraron un modelo de ciudad para el visitante que hoy sus vecinos disputan. Los de Río de Janeiro en 2016 desplazaron a decenas de miles de personas y dejaron instalaciones abandonadas. Las exposiciones universales, los estadios financiados con dinero público, los centros comerciales convertidos en plazas y los frentes marítimos rediseñados como escaparate siguen la misma lógica: una inversión enorme para producir una imagen que beneficia a promotores, marcas y turismo mientras el coste se reparte entre todos.

Exclusión y alternativas: recuperar la ciudad de uso

La exclusión es la otra cara. La ciudad del espectáculo necesita que el escenario esté limpio, y por eso expulsa a quienes lo ensucian: personas sin hogar, vendedores ambulantes, jóvenes que se reúnen sin consumir, manifestaciones. Lo hace con diseño, bancos que impiden tumbarse, plazas sin sombra, con gestión privada de espacios públicos y con vigilancia. Zukin muestra que esa limpieza destruye precisamente la diversidad que hacía interesante al lugar, y Debord anticipó que un espacio hecho para ser contemplado deja de ser habitable. El espectáculo urbano produce, con el tiempo, decorados sin vecinos.

Las alternativas parten de recuperar la ciudad como lugar de uso y no de exhibición. Los situacionistas proponían la deriva y la apropiación; Zukin, proteger el comercio de proximidad, la vivienda asequible y las prácticas culturales de los barrios frente a su conversión en marca. La pregunta que ambos dejan a cualquier proyecto urbano es sencilla: para quién se construye la imagen, quién la consume y quién queda fuera del encuadre. Una ciudad que solo sabe responder con turistas e inversores ha dejado de ser una ciudad para convertirse en su espectáculo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la ciudad del espectáculo?

Es la ciudad construida y gobernada para ser vista, mediante grandes eventos, edificios icónicos, distritos temáticos y campañas de imagen que atraen turistas e inversores, con un concepto derivado de La sociedad del espectáculo de Guy Debord y aplicado a la ciudad por Sharon Zukin.

¿Por qué la ciudad del espectáculo produce exclusión?

Porque necesita un escenario limpio y expulsa a quienes lo ensucian, personas sin hogar, vendedores, jóvenes y manifestantes, mediante diseño hostil, gestión privada del espacio público y vigilancia, destruyendo la diversidad que hacía interesante al lugar.

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