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Calle y movilidad

Espacios intersticiales: resistencia y creatividad en la ciudad

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Puntos clave

  1. De Certeau distingue estrategias de quien tiene poder y tácticas del débil; los intersticios son donde las tácticas duran.
  2. Mayer muestra en Berlín cómo huertos, casas ocupadas y Tempelhof se convierten en política urbana.
  3. La creatividad que anima un solar atrae al capital: sin propiedad comunitaria, la resistencia acaba en lofts.

Los espacios intersticiales son los lugares que la planificación urbana deja sin uso definido: solares vacíos, naves abandonadas, bajos de autopista, márgenes ferroviarios, azoteas, medianeras, tramos de río olvidados. El arquitecto Ignasi de Solà-Morales los llamó en 1995 terrain vague, terrenos a la vez vacíos y disponibles, y desde entonces la teoría urbana los estudia como el reverso productivo de la ciudad planificada: allí donde el control se relaja aparecen huertos, talleres, fiestas, ocupaciones y arte. Dos autores explican por qué: Michel de Certeau, que teorizó las tácticas de la vida cotidiana, y Margit Mayer, que estudió cómo los movimientos urbanos convierten esos huecos en política.

Michel de Certeau: tácticas del débil en la ciudad

De Certeau, en La invención de lo cotidiano (1980), distingue entre estrategias y tácticas. Las estrategias son propias de quien tiene un lugar propio y poder para ordenarlo: el Estado, la empresa, el planificador que zonifica y vigila. Las tácticas son el arte del débil: usos del tiempo y del espacio ajeno que aprovechan la ocasión sin poder retenerla. Caminar por la ciudad, dice De Certeau, es ya una táctica: cada peatón inventa atajos, se detiene donde no estaba previsto y escribe con sus pasos un texto que el plano no recoge. Los espacios intersticiales son donde esas tácticas se hacen visibles y duraderas, porque nadie las ha previsto ni las controla del todo.

Margit Mayer y los movimientos que ocupan los huecos

Mayer, politóloga de la Universidad Libre de Berlín y coeditora de Cities for People, Not for Profit (2012) con Neil Brenner y Peter Marcuse, ha seguido durante cuatro décadas a los movimientos urbanos que ocupan esos huecos. En Berlín, las casas ocupadas de Kreuzberg en los años ochenta, los huertos de Prinzessinnengärten en un solar de Moritzplatz desde 2009 o el antiguo aeropuerto de Tempelhof, convertido en parque por presión ciudadana y defendido en referéndum en 2014 contra su urbanización, muestran cómo los intersticios se convierten en lugares de encuentro, organización y disputa política. Mayer subraya que estos movimientos han pasado de la ocupación de vivienda a la defensa del espacio público y del derecho a la ciudad.

Arte, creatividad y el riesgo de la gentrificación

El uso artístico es la otra cara de estos lugares. El grafiti, las instalaciones efímeras, los cines al aire libre en naves vacías y los talleres de creadores en fábricas abandonadas han hecho de los intersticios la incubadora cultural de las ciudades europeas y americanas. Ese uso, sin embargo, tiene un efecto conocido: la creatividad que da vida a un lugar marginal lo hace deseable, y lo deseable atrae al capital inmobiliario. El ciclo que Sharon Zukin describió para el SoHo se repite en cada solar recuperado, y lo que fue resistencia acaba como reclamo de una promoción de lofts.

Urbanismo táctico, usos temporales y quién se queda el valor

Ahí está la tensión central que ambos autores señalan. Las administraciones han aprendido a usar los intersticios como herramienta: el urbanismo táctico y los usos temporales legalizan huertos, mercados y actividades culturales en solares a la espera de promoción, lo que mejora el barrio a bajo coste pero también lo prepara para la revalorización. Lo que nació como táctica del débil se convierte en estrategia del fuerte. Mayer advierte que sin protección legal, cesión de larga duración o propiedad comunitaria, los movimientos acaban trabajando gratis para quienes luego los desplazan.

La política del espacio intersticial consiste, entonces, en decidir quién se queda con el valor que crean esos lugares. Mantenerlos abiertos exige instrumentos que los saquen del mercado, fideicomisos de suelo, cesiones públicas indefinidas, protección como equipamiento, y reconocer a quienes los animan como productores legítimos de ciudad. De Certeau enseña a mirar los huecos como lugares donde la ciudad se reinventa cada día; Mayer, a defenderlos como bienes comunes. Entre ambas lecturas se juega si los intersticios siguen siendo el laboratorio de la ciudad o solo su próxima parcela.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los espacios intersticiales en la ciudad?

Son los lugares sin uso definido que deja la planificación, como solares vacíos, naves abandonadas, bajos de autopista o márgenes ferroviarios, llamados terrain vague por Solà-Morales, donde aparecen huertos, talleres, ocupaciones y arte fuera del control urbanístico.

¿Qué diferencia hay entre estrategia y táctica según De Certeau?

La estrategia es propia de quien tiene un lugar propio y poder para ordenarlo, como el Estado o el planificador; la táctica es el arte del débil, que usa el espacio ajeno aprovechando la ocasión sin poder retenerlo, como el peatón que inventa atajos.

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