Puntos clave
- Porter: las empresas innovan más en clústeres donde compiten y cooperan cerca, con proveedores y universidades.
- Florida propuso atraer a la clase creativa y en 2017 reconoció que produjo ciudades inasequibles y desiguales.
- Markusen: la clase creativa es una categoría demasiado amplia; importan las redes y sectores concretos de cada lugar.
La innovación como motor del desarrollo urbano es la tesis de que las ciudades prosperan cuando concentran empresas, talento e instituciones capaces de generar nuevas ideas, productos y sectores, y desde los años noventa ha guiado las estrategias económicas de la mayoría de las grandes ciudades. Tres autores la formularon con matices distintos: Michael Porter, que en La ventaja competitiva de las naciones (1990) explicó la innovación por los clústeres, concentraciones geográficas de empresas, proveedores e instituciones; Richard Florida, que en La clase creativa (2002) la atribuyó a la capacidad de atraer profesionales creativos; y Ann Markusen, que estudió por qué algunas regiones retienen la actividad, los lugares pegajosos, y advirtió contra las recetas fáciles.
Michael Porter: clústeres y la ventaja de la proximidad
Porter aporta el mecanismo de la proximidad. Su análisis de Silicon Valley, la moda italiana o el vino californiano mostró que las empresas innovan más cuando compiten y cooperan cerca unas de otras, comparten trabajadores cualificados, proveedores y conocimiento tácito, y cuentan con universidades y demanda exigente. Su artículo de 1995 sobre la ventaja competitiva del centro urbano aplicó esa lógica a los barrios pobres, proponiendo que la política urbana dejara de subsidiar y creara condiciones de mercado. La influencia de Porter se ve en las políticas de clústeres y parques tecnológicos que casi todas las regiones adoptaron.
Richard Florida: la clase creativa y su autocrítica
Florida desplazó el foco de las empresas a las personas. Su tesis es que la clase creativa, científicos, ingenieros, artistas, diseñadores, profesionales del conocimiento, elige dónde vivir según la calidad de vida, la tolerancia y la diversidad, y que las empresas la siguen; por eso las ciudades deben invertir en cultura, espacio público y apertura antes que en polígonos. La receta fue adoptada por cientos de alcaldes. Quince años después, en La nueva crisis urbana (2017), el propio Florida reconoció que las ciudades que la siguieron con éxito se volvieron inasequibles y que la concentración de talento había producido una desigualdad urbana que su libro no previó.
Ann Markusen: lugares pegajosos y crítica de la receta creativa
Markusen es la voz crítica desde dentro. Su concepto de lugares pegajosos en un espacio resbaladizo, de 1996, explica por qué la actividad se queda en ciertas regiones, por redes de empresas, instituciones públicas, bases militares o universidades, y no en otras, y sus estudios sobre los artistas mostraron que contribuyen a la economía local por su trabajo y organización, no por atraer a otros. En 2006 criticó la noción de clase creativa como una categoría demasiado amplia que mezcla ocupaciones sin nada en común y sirve para justificar políticas de imagen, y defendió estrategias industriales concretas, formación y apoyo a sectores existentes.
22@, Kendall Square, Amazon HQ2 y Sidewalk Labs: los costes en la práctica
La práctica confirma las advertencias. Los distritos de innovación, del 22@ de Barcelona a Kendall Square en Cambridge, han generado empleo y valor, pero también han encarecido la vivienda y desplazado a los residentes de los barrios industriales que ocuparon. La competencia por atraer sedes, como la subasta por la segunda sede de Amazon en 2018, cancelada en Nueva York por la oposición vecinal, y proyectos como el barrio inteligente de Sidewalk Labs en Toronto, abandonado en 2020, muestran que la innovación como estrategia urbana tiene costes en suelo, datos y democracia. La gentrificación de los barrios de tecnología en San Francisco es su caso extremo.
La lección de Porter, Florida y Markusen, leídos juntos, es que la innovación es un motor real pero no automático ni gratuito. Las ciudades innovan por proximidad, talento e instituciones, y esos tres ingredientes se pueden cultivar; pero sin vivienda asequible, sin reparto de los beneficios y sin apoyo a la economía que ya existe, el crecimiento innovador produce la ciudad desigual que Florida terminó por describir. La pregunta para cualquier estrategia de innovación urbana es quién trabaja, quién vive y quién se queda en la ciudad que resulta.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un clúster según Michael Porter?
Es una concentración geográfica de empresas, proveedores, instituciones y universidades de un mismo sector, como Silicon Valley o la moda italiana, donde la competencia y la cooperación cercanas, los trabajadores cualificados compartidos y el conocimiento tácito hacen que las empresas innoven más.
¿Qué críticas ha recibido la teoría de la clase creativa?
Ann Markusen señaló que mezcla ocupaciones sin nada en común y sirve para justificar políticas de imagen, y el propio Richard Florida reconoció en La nueva crisis urbana que las ciudades que siguieron su receta se volvieron inasequibles y más desiguales.