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Alfredo Rodríguez: Santiago, vivienda social y los con techo

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Puntos clave

  1. Chile resolvió el déficit de vivienda con el subsidio a la demanda desde 1978, pero construyó en periferias sin ciudad.
  2. Los con techo: en Bajos de Mena se concentraron pobreza, deterioro y estigma en bloques financiados con dinero público.
  3. La segregación de Santiago es resultado de decisiones públicas y fue raíz del estallido social de 2019.

Alfredo Rodríguez es el urbanista chileno, director durante décadas de SUR Corporación de Estudios Sociales y Educación, que mejor ha documentado cómo Santiago de Chile se convirtió en una ciudad segregada por la combinación de mercado de suelo libre y política de vivienda social masiva. Sus libros de referencia son Los con techo: un desafío para la política de vivienda social (2005), con Ana Sugranyes, y Santiago, una ciudad neoliberal (2009), con Paula Rodríguez. Su tesis es que Chile resolvió el déficit cuantitativo de vivienda construyendo cientos de miles de casas en periferias sin ciudad, y creó así un nuevo problema: el de quienes tienen techo pero no tienen ciudad.

El subsidio a la demanda desde 1978: eficacia para producir unidades

El modelo nace en 1978, cuando la dictadura sustituyó la construcción pública por el subsidio a la demanda: el Estado entrega un bono a las familias, que lo suman a su ahorro y a un crédito para comprar una vivienda producida por empresas privadas. El sistema, mantenido y ampliado por los gobiernos democráticos desde 1990, se convirtió en referencia internacional por su eficacia para producir unidades. Rodríguez y Sugranyes muestran el reverso: como el subsidio es fijo y el suelo se compra al precio de mercado, las empresas construyen donde la tierra es más barata, en las periferias lejanas de Santiago, y producen viviendas pequeñas, de baja calidad y agrupadas en conjuntos enormes y homogéneos.

Los con techo: Bajos de Mena y los guetos con dinero público

Los con techo describe el resultado. En sectores como Bajos de Mena, en Puente Alto, con más de cien mil habitantes en bloques de vivienda social, se concentraron pobreza, desempleo, hacinamiento, deterioro constructivo, violencia y estigma; los servicios, el transporte y el empleo quedaron a horas de distancia; y muchas familias que recibieron su casa la abandonaron o pidieron volver al campamento. El Estado, señalan, había producido guetos con dinero público, y la política de vivienda había dejado de ser política de ciudad. Su libro dio nombre a un problema que el gobierno chileno acabó reconociendo con programas de demolición y reconstrucción de bloques desde 2013.

Santiago, una ciudad neoliberal: segregación decidida y estallido de 2019

Santiago, una ciudad neoliberal amplía el diagnóstico. La liberalización del suelo de 1979, las autopistas urbanas concesionadas, los centros comerciales y el crecimiento inmobiliario en el cono oriente de altos ingresos produjeron una metrópolis dividida: el sector oriente concentra renta, verde, colegios y hospitales, y el sur y el poniente, la vivienda social y la precariedad. Rodríguez sostiene que esa segregación no es un accidente del mercado sino el resultado de decisiones públicas, y que la desigualdad espacial de Santiago fue una de las raíces del estallido social de 2019, cuando el alza del metro encendió una protesta por la dignidad.

Propuestas: suelo bien ubicado, integración y medir acceso a la ciudad

Sus propuestas han influido en la política chilena posterior. Localizar la vivienda social en suelo bien ubicado, aunque sea más caro, mediante bancos de suelo público; integrar renta en los mismos barrios, como intenta la ley de integración social; mejorar y no solo construir, con programas de barrio; y pasar de contar unidades a medir acceso a la ciudad. Experiencias como Quinta Monroy de Elemental en 2004, que mantuvo a las familias en el centro de Iquique con viviendas ampliables, muestran que es posible; la escala del problema, con cientos de miles de personas en conjuntos deteriorados, muestra lo que costará.

La lección de Alfredo Rodríguez es que una política de vivienda que solo produce casas puede destruir ciudad. Santiago demuestra que el subsidio, sin control del suelo ni exigencia de localización, convierte a los pobres en propietarios de un lugar sin oportunidades, y que la segregación así producida se paga después en violencia, desconfianza y protesta. Para el urbanismo latinoamericano, que copió el modelo chileno de México a Brasil, es la advertencia más documentada de que el techo no basta.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el problema de los con techo?

Es el nombre que Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes dieron en 2005 a las familias que recibieron una vivienda social en Chile pero quedaron en periferias lejanas, en conjuntos enormes y deteriorados sin servicios, transporte ni empleo, de modo que tienen techo pero no tienen ciudad.

¿Por qué la política de vivienda chilena produjo segregación?

Porque el subsidio a la demanda es fijo y el suelo se compra a precio de mercado, así que las empresas construyen donde la tierra es más barata, en las periferias, y producen viviendas pequeñas y homogéneas, mientras el sector oriente concentra renta, verde y servicios.

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