Puntos clave
- Glaeser: salarios y productividad crecen con el tamaño y la densidad porque la proximidad acelera el aprendizaje y el emparejamiento.
- Boston se reinventó con universidades y cualificación mientras Detroit, especializada en una industria, siguió decayendo.
- La proximidad crea valor, pero quién lo captura depende de la vivienda, las instituciones y el poder.
La cercanía transforma las ciudades en lugares más productivos porque concentrar personas y empresas abarata el intercambio de bienes, de trabajadores y, sobre todo, de ideas, y Edward Glaeser, economista de Harvard, ha hecho de ese mecanismo el centro de su obra, de sus artículos sobre capital humano y crecimiento a El triunfo de las ciudades (2011). Miles de personas entran cada mañana en unas pocas calles llenas de oficinas, comercios y viviendas; desde lejos parece congestión, desde la economía urbana es una ventaja. Su pregunta es por qué estar cerca hace más productiva a una ciudad, y su respuesta empieza en las decisiones de hogares, empresas y promotores, que eligen ubicación según oportunidades, y termina en los patrones colectivos que esas decisiones producen.
Aglomeración: por qué salarios y productividad crecen con la densidad
El mecanismo central es la aglomeración. La proximidad reduce las distancias entre trabajadores, empresas y oportunidades y facilita el intercambio de ideas: una empresa encuentra trabajadores y proveedores cerca, un hogar encuentra empleos y servicios, un promotor responde a la demanda con vivienda y oficinas, y esas decisiones interactúan y modifican la forma urbana. La densidad importa porque multiplica las posibilidades de contacto en un espacio reducido. Los trabajos empíricos de Glaeser encontraron que los salarios y la productividad crecen con el tamaño y la densidad de las ciudades, y que los trabajadores de las grandes áreas metropolitanas ganan más que otros comparables incluso descontando sus cualificaciones, una prima que atribuye a un aprendizaje más rápido y a un mejor emparejamiento entre personas y empleos.
Capital humano: Boston frente a Detroit
El segundo mecanismo es el capital humano. Las ciudades con más residentes formados crecen más deprisa, mostró Glaeser en sus estudios de las áreas metropolitanas estadounidenses desde 1970, porque las personas cualificadas aprenden unas de otras en el contacto cotidiano y su conocimiento se derrama sobre los demás. Su comparación entre Boston y Detroit es el emblema: ambas eran ciudades industriales en crisis en los años setenta, pero Boston, con sus universidades y su mano de obra cualificada, se reinventó en finanzas, tecnología y sanidad, mientras Detroit, especializada en una sola industria y con una población menos formada, siguió decayendo. La proximidad a personas formadas es, en su lectura, el activo urbano más valioso.
Mercado y regulación: el argumento para construir más
El tercer elemento es el mercado. El enfoque de Glaeser privilegia la elección individual y las señales de precios: el desarrollo urbano es el resultado agregado de muchas decisiones descentralizadas más que de planes públicos, y el principal obstáculo para ciudades productivas es la regulación que impide construir. Sostiene que las restricciones de altura y de usos en ciudades productivas como Nueva York, San Francisco o Londres encarecen la vivienda, excluyen a trabajadores que ganarían con la proximidad y empujan el crecimiento hacia ciudades dispersas del sur de Estados Unidos donde construir es fácil pero la productividad menor. La conclusión política es permitir construir denso donde hay demanda e invertir en la educación que hace valiosa la cercanía.
El contraargumento: poder, desigualdad y quién captura el valor
El contraargumento es fuerte. La densidad también produce congestión, contaminación y hacinamiento, y las explicaciones basadas en mercados y elección individual dejan menos visibles el poder, las instituciones y la desigualdad: dos hogares no eligen desde posiciones equivalentes, una empresa y un vecino no tienen la misma capacidad de moldear el espacio, y la productividad de la aglomeración la capturan sobre todo propietarios de suelo y trabajadores muy cualificados mientras los de servicios afrontan los alquileres que la proximidad genera. Michael Storper y otros han añadido que las instituciones y las redes cívicas explican por qué unas ciudades densas innovan y otras no, y los críticos de la desregulación señalan que la oferta por sí sola no ha hecho asequibles las ciudades productivas.
La lección de Glaeser es que las ciudades son el mayor invento de la humanidad porque permiten que las personas aprendan unas de otras, y que las políticas que bloquean la densidad y la educación desperdician ese invento. El límite aparece cuando el mecanismo se convierte en explicación completa: la proximidad crea valor, pero quién lo captura depende de la vivienda, las instituciones y el poder, y una ciudad productiva sin ser asequible ni justa ha resuelto solo la mitad del problema que la aglomeración plantea.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la cercanía hace más productivas a las ciudades según Glaeser?
Porque la aglomeración abarata el intercambio de bienes, trabajadores e ideas: las empresas encuentran trabajadores y proveedores cerca, los hogares encuentran empleos, las personas cualificadas aprenden unas de otras en el contacto cotidiano y los trabajadores de las grandes áreas metropolitanas densas ganan más que otros comparables incluso descontando sus cualificaciones.
¿Cuáles son las principales críticas al enfoque de Glaeser?
Que la densidad también trae congestión y hacinamiento, que las explicaciones de mercado dejan menos visibles el poder, las instituciones y la desigualdad, que las ganancias de la aglomeración las capturan sobre todo propietarios y trabajadores cualificados y que la desregulación de la oferta por sí sola no ha hecho asequibles las ciudades productivas.