Puntos clave
- El cólera produjo el alcantarillado y la tuberculosis los balcones; la COVID-19 aceleró cambios ya en marcha.
- París, Bogotá y Milán convirtieron carriles provisionales en permanentes y adoptaron la ciudad de los quince minutos.
- La mortalidad se concentró en barrios hacinados con empleos esenciales, no en los densos: el problema es la vivienda y la renta.
Las ciudades pospandemia son las que han incorporado a su forma, su movilidad y sus políticas las lecciones de la COVID-19, la crisis sanitaria que entre 2020 y 2022 vació los centros, cerró el transporte público y convirtió la calle en el único espacio seguro. Las pandemias han moldeado las ciudades desde siempre: el cólera del siglo XIX produjo el alcantarillado, los parques y la vivienda ventilada, y la tuberculosis inspiró los balcones y las terrazas del movimiento moderno. La COVID-19 no cambió la ciudad tanto como se anunció, pero aceleró tres transformaciones que ya estaban en marcha: la recuperación del espacio público para peatones y bicicletas, el teletrabajo y su efecto sobre los centros, y la conciencia de que la salud urbana se reparte de forma desigual.
La calle recuperada: urbanismo táctico y ciudad de los quince minutos
La primera transformación fue la calle. Durante los confinamientos, ciudades de todo el mundo ensancharon aceras, cerraron calles al tráfico y pintaron carriles bici provisionales para permitir el distanciamiento: París creó cientos de kilómetros de carriles que después hizo permanentes, Bogotá añadió más de ochenta kilómetros en semanas, Milán aprobó el plan Strade Aperte y Nueva York abrió calles al juego y a las terrazas. El urbanismo táctico, la intervención rápida y reversible, se convirtió en política municipal, y la ciudad de los quince minutos de Carlos Moreno, adoptada por París en 2020, dio nombre al objetivo de vivir con lo esencial cerca.
Teletrabajo, centros vacíos y transporte público
La segunda fue el teletrabajo. Con las oficinas cerradas, los distritos de negocios perdieron a sus usuarios y con ellos a los comercios y restaurantes que los servían; el transporte público cayó a una fracción de su demanda y no ha recuperado del todo los viajes de cercanías, mientras crecía el uso de la bicicleta y la marcha. Desde entonces, ciudades como Nueva York, Londres o San Francisco discuten la conversión de oficinas vacías en vivienda y el futuro de unos centros que dependían de los desplazamientos diarios. El teletrabajo también redistribuyó población hacia periferias y ciudades medias, con efectos sobre los precios de la vivienda.
La desigualdad revelada: hacinamiento, no densidad
La tercera lección fue la desigualdad. La mortalidad de la COVID-19 se concentró en los barrios pobres y densos en ocupación, no en los densos en edificación: en Nueva York, el Bronx multiplicó las tasas de Manhattan, y en Madrid o Barcelona los distritos del sur superaron a los del norte. Las causas fueron el hacinamiento, los empleos esenciales que no admitían teletrabajo, el transporte público abarrotado y la falta de espacio verde cercano. La pandemia desmintió que la densidad urbana fuera el problema, Hong Kong y Seúl lo demostraron, y mostró que lo decisivo son la vivienda, la renta y el acceso a servicios.
Ciudad compacta con matices: espacio, verde y capacidad
El debate sobre la ciudad compacta salió reforzado con matices. Las ciudades densas y bien gestionadas resistieron mejor que las dispersas, porque la proximidad permite servicios de salud, reparto y cuidado, pero la pandemia exigió repartir mejor el espacio: más metros de acera, parque y equipamiento por habitante, vivienda sin hacinamiento y transporte con capacidad. El verde urbano ganó reconocimiento como infraestructura de salud física y mental, y muchas ciudades fijaron objetivos de parque a menos de diez o quince minutos de cada casa.
La lección de las ciudades pospandemia es que las crisis sanitarias no inventan la ciudad futura sino que revelan cuál hacía falta. Calles para las personas, servicios de proximidad, vivienda digna, transporte fiable y verde accesible eran las demandas anteriores a 2020, y la COVID-19 las convirtió en cuestión de supervivencia. Las ciudades que han mantenido los cambios, y no solo los carriles provisionales, están mejor preparadas para la próxima crisis, sea sanitaria o climática, porque la resiliencia urbana empieza por la igualdad.
Preguntas frecuentes
¿Cómo cambió la COVID-19 las ciudades?
Aceleró tres transformaciones ya en marcha: la recuperación del espacio público para peatones y bicicletas mediante urbanismo táctico, el teletrabajo que vació los distritos de negocios y redujo el transporte público, y la conciencia de que la salud urbana se reparte de forma desigual entre barrios.
¿La densidad urbana favoreció la pandemia?
No la densidad de edificación sino el hacinamiento: la mortalidad se concentró en barrios pobres con viviendas sobreocupadas, empleos esenciales sin teletrabajo y transporte abarrotado, mientras ciudades densas y bien gestionadas como Hong Kong o Seúl resistieron mejor que las dispersas.