Puntos clave
- Robinson: dividir el mundo en ciudades globales y del Tercer Mundo es herencia colonial; todas son ciudades ordinarias.
- Pieterse: en África producen el espacio los habitantes, el capital de los enclaves y las agencias internacionales, con Estados ausentes.
- La informalidad es un modo permanente de producir ciudad y exige gobernanza que la integre, no que la demuela.
La producción del espacio en el Sur global es la pregunta por cómo se hacen las ciudades de África, Asia y América Latina, con qué actores, reglas y conflictos, y por qué las teorías urbanas elaboradas en Chicago, París o Los Ángeles no bastan para explicarlas. La expresión procede de Henri Lefebvre, que en La producción del espacio (1974) sostuvo que el espacio no es un contenedor sino un producto social, y dos autores la han llevado al Sur: la geógrafa británica Jennifer Robinson, que en Ordinary Cities (2006) reclamó que todas las ciudades se estudien en pie de igualdad, y el sudafricano Edgar Pieterse, que en City Futures (2008) analizó cómo se produce la ciudad africana entre la informalidad, la pobreza y la gobernanza fragmentada.
Jennifer Robinson: contra la jerarquía de ciudades globales y del Tercer Mundo
Robinson parte de una crítica a la jerarquía de las ciudades. La teoría urbana del siglo XX dividió el mundo en ciudades globales, Nueva York, Londres, Tokio, que producían modernidad y teoría, y ciudades del Tercer Mundo, estudiadas solo como problemas de desarrollo. Esa división, argumenta, es una herencia colonial que empobrece la teoría y perjudica a las ciudades: Lusaka o Johannesburgo son tan modernas y tan creativas como Londres, y sus habitantes producen espacio, cultura y economía con la misma inventiva. Su propuesta de ciudades ordinarias pide una teoría urbana cosmopolita construida comparando cualquier ciudad con cualquier otra.
Edgar Pieterse: habitantes, capital y agencias que producen la ciudad africana
Pieterse describe cómo se produce esa ciudad ordinaria del Sur. En África, el crecimiento urbano ocurre con presupuestos municipales mínimos, con la mayoría de la población en asentamientos autoconstruidos y con Estados que oscilan entre la ausencia y la demolición. El espacio lo producen a la vez los habitantes, que construyen de forma incremental; los intereses inmobiliarios, que levantan enclaves para las élites y proyectos de ciudad satélite como Eko Atlantic en Lagos; y las agencias internacionales, que imponen agendas de modernización. Pieterse sostiene que el resultado es una ciudad dividida donde la globalización agrava las desigualdades espaciales.
La informalidad como modo permanente de producir espacio
La informalidad es la clave común. Robinson y Pieterse coinciden en que la mayoría de la vivienda, el trabajo y el transporte de las ciudades del Sur son informales, y que esa condición no es un fracaso transitorio del desarrollo sino un modo permanente de producir espacio: los asentamientos autoconstruidos alojan a mil millones de personas, los mercados informales alimentan a las ciudades y los minibuses las mueven. Reconocerlo cambia la política: en lugar de planes que ignoran o demuelen lo informal, gobernanza que lo integra, mejora de barrios con tenencia segura y servicios básicos universales.
El Sur como fuente de teoría: urbanismo comparado y resiliencia
Ambos ven en el Sur una fuente de teoría. Las soluciones que sus habitantes desarrollan ante la escasez, desde la construcción incremental hasta las redes de ahorro de las federaciones de habitantes de asentamientos, contienen lecciones de resiliencia y sostenibilidad que el Norte necesita. Robinson ha desarrollado desde entonces un método de urbanismo comparado que pone en diálogo casos de cualquier parte, y Pieterse, desde el African Centre for Cities, ha impulsado investigación hecha desde las ciudades africanas y no sobre ellas. Ananya Roy y AbdouMaliq Simone han contribuido a esa misma agenda.
La lección para el urbanismo es que la producción del espacio en el Sur global exige categorías propias y respeto por sus actores. Las ciudades del Sur no van con retraso hacia el modelo del Norte; producen una urbanidad distinta, más informal y más desigual, que decidirá el futuro urbano del planeta. Entenderla en sus propios términos, como piden Robinson y Pieterse, es la condición para políticas que reduzcan la desigualdad en lugar de importar soluciones que no fueron pensadas para ellas.
Preguntas frecuentes
¿Qué propone Jennifer Robinson con las ciudades ordinarias?
Que se abandone la jerarquía que estudia Nueva York, Londres o Tokio como productoras de modernidad y a las ciudades del Sur solo como problemas de desarrollo, y que toda ciudad se analice en pie de igualdad con una teoría urbana cosmopolita construida por comparación.
¿Cómo se produce el espacio en las ciudades africanas según Pieterse?
A la vez por los habitantes que construyen de forma incremental, por los intereses inmobiliarios que levantan enclaves y ciudades satélite como Eko Atlantic, y por las agencias internacionales que imponen agendas de modernización, con presupuestos municipales mínimos y Estados que oscilan entre la ausencia y la demolición.