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Por qué las ciudades no deben ser modelos iguales: Robinson

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Puntos clave

  1. Robinson: dividir el mundo entre ciudades modernas que producen teoría y ciudades en desarrollo que solo dan casos es herencia colonial.
  2. Johannesburgo es tan moderna y creativa como cualquier ciudad del Norte; los rankings globales borran lo que la ciudad es.
  3. Comparar en cualquier dirección y tratar la diferencia como oportunidad teórica, no como prueba de retraso.

Las ciudades no deben ser modelos iguales porque la teoría urbana que las juzga con un mismo patrón, el de unas pocas metrópolis del Norte, convierte a todas las demás en casos incompletos que deben alcanzar un estándar, y la geógrafa británica Jennifer Robinson, profesora del University College de Londres, dedicó Ordinary Cities: Between Modernity and Development (2006) a desmontar esa jerarquía. Su pregunta es sencilla: por qué unas pocas ciudades deberían explicar a todas las demás. Su respuesta, de raíz poscolonial y comparativa, es que todas las ciudades son ordinarias, es decir, todas pueden producir teoría desde su propia trayectoria, y que la tarea del urbanismo es aprender de cada una en lugar de medir cuánto se acerca a Nueva York, Londres o Chicago.

Modernidad y desarrollo: las dos miradas que reparten el mundo urbano

Robinson identifica dos maneras de mirar que reparten el mundo urbano. La primera es la modernidad: desde la Escuela de Chicago hasta la teoría de la ciudad global, unas ciudades occidentales fueron estudiadas como el lugar donde la modernidad se inventa, y de ellas salieron los conceptos que después viajaron para evaluar a las demás. La segunda es el desarrollo: las ciudades de África, Asia y América Latina fueron estudiadas por otra disciplina, los estudios del desarrollo, como problemas de pobreza, informalidad y gestión, no como lugares de creatividad y cultura. Esa división, sostiene, es una herencia colonial que empobrece la teoría y perjudica a las ciudades, porque sus políticas copian recetas ajenas.

Lusaka y Johannesburgo: la modernidad que la teoría no vio

Su caso de partida fue Lusaka, la capital de Zambia, donde los antropólogos del Instituto Rhodes-Livingstone estudiaron en los años cuarenta y cincuenta la vida urbana de los migrantes africanos y encontraron una modernidad propia, con música, moda y asociaciones, que la teoría europea no supo ver. Robinson mostró que Johannesburgo, donde investigó durante años, es tan moderna y tan creativa como cualquier ciudad del Norte, y que los rankings de ciudades globales, que la sitúan en posiciones bajas por sus servicios financieros, borran todo lo que la ciudad es. Esa borradura, muestra, tiene consecuencias: los gobiernos persiguen estatus global con proyectos icónicos en lugar de atender a la ciudad que existe.

El viaje de los conceptos y la comparación en cualquier dirección

El mecanismo de la jerarquía es el viaje de los conceptos. Una ciudad estudiada intensamente produce categorías, gentrificación, ciudad global, suburbio, que después sirven para evaluar otros lugares como si la experiencia inicial fuera el camino normal. Robinson no propone abandonar la comparación sino invertir su dirección: comparar cualquier ciudad con cualquier otra, hacer viajar los conceptos también desde el Sur, y tratar la diferencia no como prueba de retraso sino como oportunidad teórica. Su trabajo posterior, recogido en Comparative Urbanism (2022), desarrolla ese método de comparación genética y generativa entre ciudades muy distintas.

Efectos en la disciplina y críticas

Su propuesta ha tenido efectos en la disciplina. Junto con Ananya Roy, Edgar Pieterse y AbdouMaliq Simone forma parte del giro hacia una teoría urbana desde el Sur que ha cambiado revistas, congresos y planes de estudio, y ha inspirado investigaciones que ponen en diálogo Yakarta con Londres o Lagos con Los Ángeles. Sus críticos señalan que renunciar a las jerarquías puede ocultar desigualdades reales de poder económico entre ciudades; Robinson responde que reconocer esas desigualdades es distinto de convertirlas en criterio de qué ciudades merecen teoría.

La lección de Robinson es que la ciudad que uno estudia, gobierna o habita no tiene que parecerse a ninguna otra para importar. Los modelos únicos, sean la ciudad global, la ciudad inteligente o la ciudad creativa, empobrecen las políticas urbanas porque miden a cada lugar por lo que le falta, y una planificación que parte de la trayectoria particular de su ciudad, de sus conflictos y sus formas de vida, aprende más y excluye menos. Todas las ciudades son ordinarias, y por eso todas son interesantes.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las ciudades ordinarias de Jennifer Robinson?

Son todas las ciudades, entendidas como lugares desde los que se puede producir teoría urbana a partir de su propia trayectoria, frente a la jerarquía que estudia a unas pocas metrópolis del Norte como modelos de modernidad y a las demás como problemas de desarrollo que deben alcanzar ese estándar.

¿Por qué las ciudades no deben seguir modelos iguales?

Porque los modelos únicos, ciudad global, inteligente o creativa, miden a cada lugar por lo que le falta y llevan a los gobiernos a perseguir estatus con proyectos icónicos en lugar de atender a la ciudad que existe; una planificación que parte de la trayectoria particular de su ciudad aprende más y excluye menos.

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