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Jennifer Robinson y las ciudades ordinarias: teoría desde el Sur

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Puntos clave

  1. Robinson critica que la teoría se extraiga del Norte y el Sur solo reciba recetas de desarrollo: herencia colonial.
  2. Lusaka o Johannesburgo son tan modernas como París; la teoría no lo ve porque mide con criterios ajenos.
  3. El urbanismo comparativo pone en relación ciudades distintas para crear conceptos nuevos desde cualquier lugar.

Ciudades ordinarias es el concepto con que la geógrafa sudafricana Jennifer Robinson, profesora en el University College de Londres, propuso en Ordinary Cities: Between Modernity and Development (2006) refundar la teoría urbana. Su diagnóstico es que los estudios urbanos han dividido el mundo en dos: las ciudades del Norte, Nueva York, Londres, Los Ángeles, de las que se extrae la teoría, y las del Sur, Lagos, Bombay, Lusaka, a las que se aplican recetas de desarrollo. Esa división, sostiene Robinson, es una herencia colonial que empobrece la teoría y perjudica a las ciudades: todas son ordinarias, es decir, todas son lugares donde ocurren procesos urbanos complejos y de todas se puede aprender.

Contra las ciudades globales y contra el desarrollismo

Robinson dirige su crítica a dos tradiciones. La primera es la de las ciudades globales de Saskia Sassen y la jerarquía de ciudades mundiales de John Friedmann y Peter Taylor, que ordenan el planeta según la posición de cada ciudad en las redes financieras y dejan fuera del mapa a la mayoría. En su artículo Global and World Cities: A View off the Map (2002) mostró que ciudades enteras, como Lusaka o Kinsasa, quedaban invisibles para una teoría que solo veía bancos y sedes corporativas. La segunda es la del desarrollo, que trata a las ciudades del Sur como problemas a resolver, atrasadas respecto a una modernidad que siempre está en otra parte.

La modernidad no pertenece al Norte

Frente a ambas, Robinson recupera la idea de modernidad de la Escuela de Chicago y de la antropología para mostrar que lo moderno no es propiedad del Norte. Los habitantes de Lusaka o Johannesburgo inventan cada día formas de vida urbana, economías, arquitecturas y políticas que son tan modernas como las de París, y que la teoría no ve porque las mide con criterios ajenos. Robinson pide una teoría urbana cosmopolita, construida a partir de muchas ciudades y no de unas pocas, y una práctica que deje de imponer modelos de desarrollo y aprenda de lo que las ciudades ya hacen.

Urbanismo comparativo: aprender desde cualquier ciudad

El programa que se deriva es el urbanismo comparativo, que Robinson ha desarrollado en artículos posteriores. Comparar no significa medir a todas las ciudades con la misma vara, sino poner en relación casos distintos para generar conceptos nuevos: qué enseña la gestión del agua en Lusaka a Londres, qué tienen en común la informalidad de Bombay y la de los repartidores de plataforma en Madrid. Esa comparación, dice Robinson, debe hacerse desde cualquier lugar y con cualquier ciudad, y romper la costumbre de que el Sur sea siempre el caso y el Norte siempre la teoría.

El giro postcolonial y sus críticos

La propuesta ha marcado la teoría urbana del siglo XXI. Con Ananya Roy, Aihwa Ong y AbdouMaliq Simone, Robinson forma parte del giro postcolonial en los estudios urbanos, que ha producido conceptos como el worlding, las ciudades que se construyen a sí mismas como globales desde Dubái a Shanghái, o la informalidad como modo de urbanización. Sus críticos le reprochan que la insistencia en la singularidad de cada ciudad dificulte explicar procesos comunes como el capitalismo global, y Neil Brenner y Christian Schmid han defendido frente a ella una teoría de la urbanización planetaria. El debate entre ambas posiciones sigue abierto.

Para la práctica, las ciudades ordinarias tienen una consecuencia inmediata: ninguna ciudad debe planificarse copiando a Nueva York ni tratarse como un caso perdido de subdesarrollo. Medellín, Curitiba, Kigali o Surabaya han producido innovaciones urbanas que hoy se estudian en el Norte, y las ciudades europeas descubren en la informalidad y la autoconstrucción del Sur respuestas a su propia crisis de vivienda. Robinson enseña a mirar cada ciudad como fuente de conocimiento y no como copia imperfecta, que es la condición para una teoría urbana verdaderamente global.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que todas las ciudades son ordinarias?

Que ninguna ciudad es modelo ni caso perdido: todas, de Nueva York a Lusaka, son lugares donde ocurren procesos urbanos complejos y de todas se puede aprender, frente a la división colonial entre ciudades globales que producen teoría y ciudades del Sur que reciben desarrollo.

¿Qué es el urbanismo comparativo de Jennifer Robinson?

Es un método que pone en relación ciudades distintas, sin medirlas con la misma vara, para generar conceptos nuevos, y que puede hacerse desde cualquier lugar, rompiendo la costumbre de que el Sur sea el caso y el Norte la teoría.

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