Puntos clave
- Srnicek: las plataformas extraen datos, externalizan costes y tienden al monopolio.
- Uber y Lyft aumentaron la congestión y Airbnb acelera la gentrificación, según estudios en Nueva York y San Francisco.
- Barns: las plataformas aspiran a gobernar la ciudad; la respuesta es soberanía de datos y regulación por diseño.
El urbanismo de plataformas es la transformación de la ciudad por empresas digitales como Uber, Airbnb, Deliveroo o Lime que, sin poseer taxis, hoteles, restaurantes ni bicicletas, intermedian entre oferta y demanda, capturan datos y reorganizan el transporte, la vivienda, el comercio y el trabajo urbanos. El término lo consolidó la investigadora australiana Sarah Barns en Platform Urbanism (2020), y su base económica la explicó Nick Srnicek en Capitalismo de plataformas (2017): las plataformas son un nuevo modelo de empresa cuyo activo principal son los datos y cuya tendencia es el monopolio, porque cuantos más usuarios tienen, más valiosas son.
Nick Srnicek: los datos como materia prima y la tendencia al monopolio
Srnicek sitúa el fenómeno en la historia del capitalismo. Tras la crisis de rentabilidad industrial de los años setenta y la burbuja puntocom, las empresas encontraron en los datos una nueva materia prima, y las plataformas son la forma organizativa diseñada para extraerlos: Uber recoge cada trayecto, Airbnb cada reserva, Deliveroo cada pedido, y ese conocimiento les permite fijar precios, dirigir la oferta y expandirse a nuevos mercados. Su modelo depende de externalizar los costes, el coche del conductor, el piso del anfitrión, la bicicleta del repartidor, y de operar en zonas grises legales hasta que la regulación llega, si llega.
Movilidad, vivienda y comercio: los efectos medibles
Los efectos urbanos son medibles. En movilidad, estudios en Nueva York y San Francisco mostraron que Uber y Lyft aumentaron la congestión y restaron pasajeros al transporte público en lugar de sustituir al coche privado. En vivienda, David Wachsmuth y Alexander Weisler demostraron en 2018 que Airbnb abre una brecha de renta que atrae inversores a los centros y acelera la gentrificación, con anfitriones comerciales de múltiples anuncios capturando la mayor parte de los ingresos. En comercio, las cocinas fantasma y los supermercados oscuros de las plataformas de reparto sustituyen locales abiertos al público por almacenes cerrados en plantas bajas.
Trabajo de plataforma: algoritmos, ley rider y directiva europea
El trabajo es la otra cara. Los conductores, repartidores y limpiadores de las plataformas son formalmente autónomos y en la práctica están dirigidos por un algoritmo que asigna tareas, fija tarifas y sanciona, sin salario mínimo, vacaciones ni cobertura de accidentes. Las ciudades han sido el escenario de esa disputa: la ley rider española de 2021 presumió la laboralidad de los repartidores, y la directiva europea sobre trabajo en plataformas de 2024 extendió esa presunción; Uber y Deliveroo han respondido retirándose de mercados o cambiando de modelo. La ciudad de plataformas produce empleo y precariedad a la vez.
Sarah Barns: gobernar la ciudad a través de las plataformas
Barns añade la dimensión de gobierno. Las plataformas no solo operan en la ciudad sino que aspiran a gobernarla: sus datos son mejores que los municipales, sus aplicaciones son la interfaz cotidiana con el transporte y el consumo, y sus acuerdos con ayuntamientos, de los datos de movilidad a las licencias de patinetes, dan a empresas privadas un poder sobre el espacio público que antes era exclusivo del planeamiento. La respuesta que propone es la soberanía de datos y la regulación por diseño: exigir datos abiertos, licencias condicionadas y límites de operación como precio de acceso al mercado urbano.
La lección del urbanismo de plataformas es que la ciudad digital no es neutral. Cada aplicación redistribuye espacio, renta y poder, y una ciudad que no regula acaba gobernada por las condiciones de servicio de empresas que no responden ante sus habitantes. Las ciudades que han actuado, de Barcelona con los alquileres turísticos a Nueva York con los vehículos de alquiler, muestran que la regulación es posible cuando hay datos y voluntad. La pregunta que dejan Srnicek y Barns es quién se queda con el valor que la ciudad produce cuando la intermedia una plataforma.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el urbanismo de plataformas?
Es la transformación de la ciudad por empresas digitales que, sin poseer taxis, hoteles ni bicicletas, intermedian entre oferta y demanda, capturan datos y reorganizan el transporte, la vivienda, el comercio y el trabajo urbanos, un término consolidado por Sarah Barns en Platform Urbanism (2020).
¿Cómo pueden las ciudades regular las plataformas?
Exigiendo datos abiertos, licencias condicionadas y límites de operación como precio de acceso al mercado urbano, como han hecho Barcelona con los alquileres turísticos y Nueva York con los vehículos de alquiler, y aplicando la presunción de laboralidad de la ley rider española y la directiva europea de 2024.