Puntos clave
- Simone: las relaciones y los intercambios entre personas son la infraestructura que hace funcionar a las ciudades del Sur.
- El concepto nació en el centro de Johannesburgo tras el apartheid, donde redes de migrantes y comerciantes sustituían al Estado retirado.
- Reconocer a las personas como infraestructura obliga a invertir en ellas y a no destruir sus redes con cada desalojo.
La vida urbana se sostiene en la creatividad de las redes informales es la tesis con que AbdouMaliq Simone, sociólogo urbano de la Universidad de Sheffield que ha trabajado en Duala, Dakar, Johannesburgo y Yakarta, cambió la idea de infraestructura. Una calle empieza a funcionar antes de que todo esté resuelto oficialmente: alguien conoce a quien puede ayudar, otra persona comparte información, conecta recursos o improvisa una solución temporal, y la ciudad sigue moviéndose. Su pregunta es qué sostiene la vida urbana cuando las instituciones formales son insuficientes, y su respuesta, formulada en el artículo Las personas como infraestructura (2004) y en For the City Yet to Come (2004), es que las relaciones, los vínculos y los intercambios entre personas son la infraestructura que hace funcionar a las ciudades del Sur global.
Johannesburgo tras el apartheid: donde nació el concepto
El concepto nació en el centro de Johannesburgo tras el apartheid. Simone observó cómo migrantes de toda África, comerciantes, inquilinos de edificios abandonados por sus propietarios y jóvenes sin empleo formal se combinaban en redes que hacían posible vivir, comerciar y moverse en barrios donde el Estado y el mercado formal se habían retirado: un vendedor conecta con un transportista, un portero con un prestamista, una iglesia con una red de vivienda. Esas conexiones no son un sustituto pobre de la infraestructura material sino una infraestructura en sí, capaz de coordinar acciones, distribuir recursos y producir oportunidades que ninguna organización formal ofrecía.
Ensamblaje: conexiones móviles, inciertas y sin romanticismo
El mecanismo es el ensamblaje. Personas con recursos, conocimientos y posibilidades distintas se conectan de forma provisional, una relación permite acceder a otra, un intercambio abre una oportunidad, y el resultado depende menos de una organización formal que de una cadena de vínculos que se rehace cada día. Simone insiste en que esa infraestructura es móvil e incierta: las conexiones no siempre funcionan, no todos disponen de las mismas y la improvisación convive con la explotación. Por eso no romantiza la informalidad; la describe como capacidad de reunir posibilidades dispersas en condiciones de escasez, y como práctica que las políticas públicas rara vez ven porque miran solo las instituciones oficiales.
De Yakarta a Dakar: la ciudad por venir en los libros posteriores
Sus trabajos posteriores extienden la idea. City Life from Jakarta to Dakar (2010) sigue las formas en que los habitantes de las grandes ciudades del Sur anticipan y negocian el cambio; New Urban Worlds (2017), con Edgar Pieterse, propone una política urbana que parta de esas prácticas; e Improvised Lives (2019) estudia los distritos populares de Yakarta y otras ciudades donde millones de personas construyen vida y vivienda en los intersticios de los grandes proyectos. En todos ellos, la ciudad por venir del título de su primer libro es la que esas redes anticipan y que la planificación todavía no sabe reconocer.
Influencia, críticas y qué exige reconocer a las personas como infraestructura
La aportación dialoga con Jane Jacobs y sus redes de barrio, con Ananya Roy y la informalidad como modo de urbanización, y con los estudios de infraestructura de Susan Leigh Star y Brian Larkin, y ha influido en la teoría urbana desde el Sur y en programas de mejora de barrios que apoyan a las organizaciones existentes en lugar de sustituirlas. Sus críticos advierten del riesgo de convertir la capacidad de sobrevivir en excusa para no proveer servicios; Simone responde que reconocer a las personas como infraestructura obliga a invertir en ellas, no a dejarlas solas.
La lección de Simone es que la ciudad funciona mediante instalaciones y normas, pero también mediante personas que combinan recursos, y que esa segunda infraestructura es la que sostiene a la mayoría de los habitantes urbanos del planeta. Una planificación que solo ve tuberías y carreteras destruye con cada desalojo y cada proyecto las redes que hacían habitable un lugar; una que las reconoce puede conectarlas con agua, transporte y servicios y convertir la creatividad de la supervivencia en la base de una ciudad más justa.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que las personas son infraestructura según Simone?
Que en las ciudades del Sur global las conexiones entre personas con recursos, conocimientos y posibilidades distintas, un vendedor con un transportista, una iglesia con una red de vivienda, coordinan acciones, distribuyen recursos y producen oportunidades que las instituciones formales no ofrecen, funcionando como una infraestructura móvil e incierta que sostiene la vida urbana.
¿Romantiza Simone la informalidad?
No: describe las redes informales como capacidad de reunir posibilidades dispersas en condiciones de escasez, advierte que no siempre funcionan y que conviven con la explotación, y sostiene que reconocerlas obliga a invertir en ellas y conectarlas con agua, transporte y servicios, no a dejar solas a las personas que las sostienen.