Saltar al contenido
Ciudades del Futuro Buscar
ES EN
Calle y movilidad

Jan Gehl: por qué caminar hace la ciudad más viva y segura

  • Por
  • Actualizado el
  • 3 min de lectura
  • 13 visualizaciones

Puntos clave

  1. Gehl cuenta desde 1968 quién camina y quién se queda; en Copenhague el espacio peatonal se multiplicó por siete y la vida creció al mismo ritmo.
  2. Las actividades opcionales y sociales solo aparecen cuando el espacio invita; el indicador es cuánta gente se queda, no cuánta pasa.
  3. Plantas bajas activas, bordes y bancos bien orientados hacen caminar más despacio y detenerse; Times Square y Melbourne lo confirman.

Caminar es la clave de una ciudad más viva y segura porque, como demostró el arquitecto danés Jan Gehl a lo largo de cincuenta años de observación, la vida urbana ocurre a la velocidad del peatón: una plaza con bancos, árboles y pavimento impecable donde nadie se queda y otra a pocas calles llena de conversaciones, bicicletas y personas sentadas se diferencian por lo que cada una permite hacer a pie. Gehl, formado en la arquitectura modernista que miraba la ciudad desde el avión, se preguntó a partir de 1965 por qué los espacios diseñados con tanto esmero estaban vacíos, y su respuesta, publicada en La humanización del espacio urbano (1971) y en Ciudades para la gente (2010), es que el diseño funciona cuando crea condiciones para caminar, detenerse, sentarse, mirar y hablar.

Estudios de vida pública: contar quién camina y quién se queda

Su método es la observación sistemática. Con su esposa, la psicóloga Ingrid Gehl, empezó a contar en 1968 cuántas personas caminaban y cuántas se quedaban en las calles de Copenhague, a qué horas, en qué lugares y haciendo qué, y repitió esos recuentos cada década. Los estudios de vida pública, que su estudio ha realizado después en Melbourne, Londres, Nueva York, Sídney o Moscú, permiten comparar la intención del diseño con la vida que produce y muestran una regla constante: cuando se da espacio a los peatones, la actividad crece más que proporcionalmente. En Copenhague, la superficie peatonal se multiplicó por siete entre 1962 y 2005 y la gente que permanece en el centro creció al mismo ritmo.

Actividades necesarias, opcionales y sociales: el mecanismo de la calle viva

El mecanismo tiene tres escalones. Primero la condición física: cuánto espacio, a qué velocidad y con qué calidad se ofrece al peatón. Después las decisiones cotidianas: caminar por esa calle, detenerse en esa esquina, sentarse en ese banco. Por último, la acumulación de esas decisiones, que es la vida urbana. Gehl distingue las actividades necesarias, ir al trabajo o a comprar, que ocurren con cualquier calidad, de las opcionales y sociales, pasear, sentarse, conversar, que solo aparecen cuando el espacio invita. Una calle viva es la que multiplica las segundas, y por eso el indicador de calidad no es cuánta gente pasa sino cuánta se queda.

A cinco kilómetros por hora: plantas bajas, bordes y bancos

Los detalles importan a la altura de los ojos. A cinco kilómetros por hora, el peatón percibe fachadas, texturas, escaparates, rostros y olores, y Gehl mostró que las plantas bajas activas, con puertas y ventanas cada pocos metros, hacen que la gente camine más despacio y se detenga más que ante muros ciegos y aparcamientos. Los bordes de los espacios, donde uno puede apoyarse y ver sin ser el centro, son los lugares preferidos para quedarse; los bancos orientados a la actividad se usan y los orientados al vacío no; y las distancias que parecen razonables en el plano resultan excesivas cuando el trayecto es hostil. El diseño para caminar es un diseño de detalles.

Seguridad y comercio: Times Square, Melbourne y Copenhague

La seguridad es consecuencia de esa vida. Las calles con peatones a todas horas se vigilan a sí mismas, como observó Jane Jacobs, y Gehl añade que el tráfico lento y las intersecciones compactas reducen los accidentes graves: las ciudades que han recuperado el espacio de las calles, como Nueva York con la peatonalización de Times Square en 2009, asesorada por su estudio, registraron menos lesiones y más comercio. Melbourne, que aplicó sus recomendaciones desde 1994 abriendo callejones, ensanchando aceras y añadiendo terrazas, pasó de ser una ciudad vacía por la tarde a una de las más animadas del mundo.

La lección de Gehl es una inversión de prioridades: medir la ciudad por la vida que produce y no por los coches que mueve. Caminar es la actividad que sostiene el comercio local, la salud, el encuentro y la seguridad, y una ciudad que la facilita con aceras anchas, plantas bajas activas, bancos bien orientados y velocidades bajas obtiene todo lo demás. Primero la vida, después el espacio, y por último los edificios, resume Gehl; la mayoría de las ciudades del siglo XX lo hicieron al revés, y corregirlo empieza por observar quién camina y quién se queda.

Preguntas frecuentes

¿Por qué caminar hace la ciudad más segura según Jan Gehl?

Porque las calles con peatones a todas horas se vigilan a sí mismas y el tráfico lento con intersecciones compactas reduce los accidentes graves, como mostró la peatonalización de Times Square en 2009, asesorada por su estudio, que registró menos lesiones y más comercio.

¿Qué son los estudios de vida pública de Gehl?

Son recuentos sistemáticos de cuántas personas caminan y cuántas se quedan en calles y plazas, a qué horas y haciendo qué, iniciados en Copenhague en 1968 y repetidos cada década, que permiten comparar la intención del diseño con la vida que produce y se han aplicado en Melbourne, Londres, Nueva York o Moscú.

Shorts

Más del canal ↗

Ver el canal